El nuevo líder: una articulación de razón y emoción

Por Carolina García
Head of Research de ID Hunt  

La presencia del COVID-19 ha ratificado nuestra vulnerabilidad ante el caos; pero evidenciando una vez más la capacidad de nuestra especie para sobreponerse a las dificultades. Así, nos ha llevado a un proceso de resignificación del mundo que conocíamos hasta el principio de este año; transformando las diversas esferas de nuestra vida, en adaptación de la llamada nueva normalidad.

El ámbito laboral no ha sido la excepción, ya que también se ha visto fuertemente trastocado por la crisis; enfrentándose a la dualidad: peligro y oportunidad. Panorama en el que hoy más que nunca, se requieren líderes conscientes de lo prioritario y con un enfoque proactivo para atender las nuevas demandas.

La superación y progreso de las afectaciones económicas en materia de empleabilidad; derivadas de esta contingencia, exigen la reedificación de las industrias y sus empresas para garantizar su continuidad en el mercado; cosa que sólo se logrará a través de sus líderes y equipos de trabajo. Teniendo en mente siempre, que una organización es lo qué es y se posiciona, gracias al talento de su gente.

¿Pero qué hay de los líderes? En ellos recae una importante responsabilidad, al tener que resolver los retos que plantea este contexto; no sólo teniendo una visión clara del panorama actual, sino también una previsión al futuro. Mediante respuestas y acciones rápidas en planes de negocios, que permitan encarar al nuevo y cambiante escenario, aunado a una alta flexibilidad. En concreto, los líderes de la nueva normalidad deberán ser ejecutivos resilientes; que encuentren nuevas maneras de hacer las cosas pese a lo adverso, siendo efectivos al conjugar sus habilidades técnicas con las emocionales.

El concepto de competencias emocionales no es nuevo, apareció en la década de los 90; pero fue hace sólo un par de años que recobró su relevancia. Al reconocer la importancia de contar con líderes más humanos y cercanos con la gente para promover la salud y productividad dentro de las organizaciones. Actualmente es algo primordial e indispensable en cualquier perfil.

Sin embargo, hay que reconocer al líder más allá del rol de estratega y de autoridad; es importante ver en él, una figura de apoyo y confianza e incluso más cercano con la gente. Particularmente, en estos tiempos en donde el líder y sus colaboradores ya no serán los mismos; porque todos de alguna manera se han confrontado con esta realidad desde la subjetividad. Quedando con alguna huella, que lamentablemente en muchos casos puede ser negativa, tras esta experiencia. Por lo que esto exige un trato más sensible y empático, que ayude a la gente con su readaptación efectiva.

Para ello, un líder emocionalmente inteligente es indispensable en medio de esta tormenta de emociones y ambigüedades. Esta posición se vuelve un referente de fortaleza, que inspira, motiva y mantiene su estoicismo; para generar la tan necesaria certidumbre que nos ha robado el Covid-19.  Ya que no sólo sabrá gestionar sus propias emociones, sino las de otros para orientarlos en un mejor afrontamiento de retos; volviéndolos resolutivos y empoderados en los malos tiempos, a la vez que coadyuvará para reestablecerlos en bienestar. 

Fomentar el desarrollo de las competencias emocionales en los miembros de la organización, dotará de una ventaja competitiva a las empresas; no sólo se volverán más productivas, sino que serán más aptas para sobrevivir en lo adverso de la mano de sus líderes; quienes, a través de su fuerte influencia en el estado anímico de las personas; crearán equipos de trabajo altamente efectivos y con mayor presencia de emociones positivas.

La contingencia no ha venido más que a ser un catalizador de cambios en esta década, en materia de habilidades profesionales y formas de trabajo. Debemos poner atención a las competencias con las que contamos; así como aquellas que hemos desarrollado de manera óptima para encarar las necesidades de estos días; pero más allá de lo técnico, debemos estar conscientes de que necesitamos ser más humanos para lograr la trascendencia y bienestar, tanto individual como grupal. Siendo competitivos, y a la vez, colaborativos.

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