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GUERRA COMERCIAL Las nuevas reglas del juego

Edith Belmont

Los aranceles son impuestos que se pagan a un gobierno,  se aplican a los bienes y servicios que se importan o exportan. Son una herramienta fundamental de la política comercial de un país. Su objetivo es proteger la producción nacional y generar ingresos fiscales. Se fijan oficialmente para ciertas actividades, productos y servicios.

Los aranceles pueden tener impactos significativos en la economía, el empleo y la estabilidad política. Pueden desencadenar represalias comerciales entre países y distorsionar la competencia, así como impactar en el crecimiento económico.

¿Por qué digo todo esto?, porque últimamente nos hemos visto inmersos en un ambiente de ataques y amenazas con la aplicación de aranceles a las exportaciones por parte de nuestros principales socios comerciales: los ESTADOS UNIDOS.

Estas amenazas golpean a nuestro país y han traído a nuestra moneda como un verdadero papalote, volando al ritmo que sopla el viento de las declaraciones de su Presidente: DONALD TRUMP.

Trump es un personaje polémico, un político demagogo y populista, está acostumbrado a fijar las reglas del juego y en esta ocasión, no fue diferente. Él está convencido de que el poder se divide en dos: “Entre los que lo tienen y lo ejercen y los que no lo tienen, lo sufren y lo padecen” y él lo está ejerciendo, cueste lo que cueste.

Desde el pasado 20 de enero que tomó la investidura como el 47º presidente de Estados Unidos, amenazó con firmar diversas órdenes ejecutivas (decretos que no necesitan pasar por el Congreso), hasta el 31 de marzo había firmado 156, en tan sólo dos meses.

Entre estas órdenes está la de aplicar aranceles del 25% a productos mexicanos que no cumplen con las reglas de origen o valor de contenido regional mínimo del T-MEC que entraron en vigor el pasado 4 de marzo. Aunque se anunció que estos aranceles entrarían en vigor hasta el mes de abril, la verdad es que para México ya se aplica ese 25% de arancel a una gran cantidad de productos, pues sólo quedaron exentos todos aquellos que cumplan con los requerimientos y reglas de origen del TMEC y según un análisis de Banco Base, el 48%, prácticamente casi la mitad de lo que exportamos a EU, no cumplen con esas reglas. 

Con la imposición de aranceles, Trump ha desatado una verdadera GUERRA COMERCIAL, una guerra cargada de dimes y diretes con amenazas por parte de todos los países del mundo con aplicar aranceles recíprocos, que son una práctica habitual en la política comercial internacional para imponer tarifas a las importaciones de otro país en respuesta a medidas arancelarias similares aplicadas previamente. 

Sus principales objetivos son México, China y Canadá, quienes son sus principales socios comerciales, aunque nosotros ya los  rebasamos por la derecha y ahora lideramos esa lista como el número uno.

¿Por qué la obsesión de Donald Trump por imponer aranceles? Los aranceles son una parte central de sus planes económicos. Según asegura, estos impuestos impulsarán la manufactura estadounidense y protegerán el empleo, además de aumentar los ingresos fiscales y hacer crecer la economía.

El presidente quiere reactivar y reconstruir la industria manufacturera estadounidense, que en los últimos 40 años ha perdido muchos empleos que han migrado a países que ofrecen salarios más bajos, como México o China.

Pero Trump también considera que Estados Unidos tiene un enorme déficit comercial, y que otros se están beneficiando de vender a los consumidores estadounidenses sus productos.

De esta forma, también ha utilizado la amenaza de aplicar estos impuestos para forzar a otros países a reducir la brecha comercial con Estados Unidos, bien comprando más productos estadounidenses o importando, por ejemplo, petróleo o gas de EE.UU. Porque según él: quiere cumplir con su lema de campaña: “Volver a hacer Grande a los Estados Unidos” y regresar a las políticas que lo hicieron una Nación líder y poderosa después de la Guerra Civil.

En 1840, EU ocupaba el quinto lugar entre los países industrializados del mundo por su producción. Hacia 1860 se encontraba en el cuarto lugar, en 1894 había alcanzado el primer lugar. Para entonces, E.U. ya producía el doble que Gran Bretaña, el anterior líder de la producción manufacturera y la mitad de la suma de todos los países de Europa.  

Para el año 2000, Estados Unidos contaba con el 25% de la producción industrial mundial y China tan sólo el 6%. Se espera (según estudio de proyecciones de Unido National) y de continuar la actual tendencia, que China contará para el 2030 con el 45% de la producción manufacturera y Estados Unidos con tan sólo el 11%.

Es una barbaridad, por eso están asustados los gringos y quieren darle un revés  al déficit tan grande que traen en su balanza comercial con el resto del mundo para convertirlo en superávit (vender más de lo que compran) y la mira está puesta en China en primer lugar y México en segundo.

El déficit en la balanza comercial nos indica que están comprando más de lo que venden, que están consumiendo más de lo que producen e importan más de lo que exportan, tan simple como eso. Y Trump, a menudo describe los déficits comerciales como si fueran pérdidas de Estados Unidos.

Según los datos anuales publicados el miércoles 5 de febrero por el Departamento de Comercio estadounidense, el déficit de Estados Unidos con el resto del mundo alcanzó casi 920 mil millones de dólares en 2024, y más de 1,2 billones en el caso de las mercancías. Con nuestro país tienen un déficit comercial de 158,000 millones de dólares (mdd). Les vendemos 467,000 mdd y les compramos 309,000 mdd. Trump utiliza estas cifras para legitimar el uso de aranceles como herramienta para reequilibrar las relaciones comerciales estadounidenses.

Es por esto que Trump está haciendo una verdadera cirugía, estrategias para que la industria manufacturera regrese a Estados Unidos. Hacer que fabricar en su país sea más barato y en mejores condiciones.  Según su Vicepresidente James David Vance: “El gran plan de la administración de Trump para garantizar el regreso de la industria manufacturera. Es simple: fabricar aquí, en E.U. Si lo hacen, reduciremos sus impuestos, las regulaciones, el costo de la energía, para que puedan construir, construir y construir”.

Por mencionar solo algunos de los objetivos estratégicos de Donald trump que pretende aplicar  para atraer  inversiones de todo el  mundo y hacer que regresen otras que se habían marchado del país son:

En primer lugar, está el dar seguridad y certeza jurídica (cosa que en nuestro país se dio marcha atrás con la recién aprobada reforma Judicial). Incentivos para invertir, una mayor desregulación. Quitar trámites, facilitar y hacer más amigables las aplicaciones para utilizar  medios electrónicos y disminuir la nómina gubernamental. Energía abundante y barata, para bajar los costos de producción. Crédito accesible, bajar las tasas de interés. Aumentar la inversión en infraestructura. Ampliar y mejorar  la red de comunicación para facilitar el transporte de mercancías (puentes, carreteras, vías ferroviarias, aeropuertos, puertos, etc.) Bajar los impuestos. Este es uno de sus objetivos más estratégicos, en su mandato anterior, en el 2017, bajó la tasa de 35% a 21% y en esta ocasión pretende bajarla de 21 a 15%. Fuera de los llamados “paraísos fiscales” una de las más bajas del planeta.

Con estas estrategias (que iremos detallando y dándole seguimiento en nuestros futuros artículos) Donald Trump pretende (a la larga) convertir en un imán de atracción de inversión a los Estados Unidos,  regresarlo a sus orígenes, a lo que los hicieron una Gran Nación.

La pregunta aquí es: ¿será “La Liberación Económica de los Estados Unidos” o “El inicio de una tercera  GUERRA MUNDIAL” esta vez sin armas? Al tiempo…

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