¿ES OPORTUNO, HABLAR DE BRECHA DE GÉNERO EN MÉXICO?

Por: Laura Alejandra Londoño Jaramillo

Sin duda, el tema que se plantea en el título del presente artículo, puede trasladarnos a diversos tópicos, todos de suma importancia en la actualidad, esto es: ámbito laboral, económico, social, político, de educación, de salud y por supuesto, en la aplicación de la ley en todos los órdenes, lo que incluye un verdadero reconocimiento de derechos y garantías para acceder a espacios varios y, a la justicia misma cuando sea necesario; en todos estos escenarios, la mujer reclama en el mejor de los sentidos, un trato equitativo precedido del respeto a su existencia, expectativas de vida y desarrollo personal en el entramado social, en el entendido de poder desempeñar diversos roles en una sociedad que de forma empática acepte la convivencia conjunta de hombres y mujeres que construyen un mejor país. Para efectos prácticos, estas líneas se van a desarrollar con un enfoque social desde la perspectiva de la productividad de la mujer en México.

En la actualidad México, con la creación de algunas normas y la implementación de ciertas políticas, ha ido desvaneciendo la brecha de género, sin embargo, la tarea sigue y, los sectores, tanto privado como público, deben atender lo establecido en la normatividad internacional de la que forma parte México, con un mejor y mayor compromiso hacia las mujeres y su inclusión en diversos ámbitos. Con respecto a nuestro país, contamos con normas de relevancia, como las siguientes:

Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia publicada en el año 2007 y que a la fecha ha sido impactada por varias reformas, la que en su artículo 1, al tenor indica:

“La presente ley tiene por objeto establecer la coordinación entre la Federación, las entidades federativas, las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México y los municipios para prevenir, sancionar y erradicar las violencias contra las mujeres, adolescentes y niñas, así como los principios y mecanismos para el pleno acceso a una vida libre de violencias, así como para garantizar el goce y ejercicio de sus derechos humanos y fortalecer el régimen democrático establecido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”

En lo sucesivo LGVLV.

Con esta ley, las mujeres encontramos un respaldo para acceder a todos aquellos espacios que por mucho tiempo no han estado a nuestro alcance, sin tener que soportar discriminación ni actos de violencia. México ha dispuesto a través de la norma en cita, que la construcción de políticas de estado incluyentes se soportan en principios tales como: la igualdad jurídica, sustantiva, de resultados y estructural, la dignidad de las mujeres, la libertad de las mujeres, la no discriminación, la universalidad, la interdependencia, la indivisibilidad y la progresividad de los derechos humanos, la perspectiva de género, la debida diligencia, la interseccionalidad, la interculturalidad, el enfoque diferencial (Artículo 3º LGVLV).

La igualdad de oportunidades se consolida como un eje que irradia la participación productiva de la mujer en diversos escenarios sociales, resultado de un empoderamiento que erradica estereotipos y asimila el derecho a la autodeterminación de las mujeres, para no ser víctima de ningún tipo de violencia, incluidas: la violencia económica, política y laboral.

Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres. En su artículo 1º establece lo siguiente:

“La presente ley tiene por objeto regular y garantizar la igualdad de oportunidades y de trato entre mujeres y hombres, proponer los lineamientos y mecanismos institucionales que orienten a la Nación hacia el cumplimiento de la igualdad sustantiva en los ámbitos público y privado, promoviendo el empoderamiento de las mujeres, la paridad de género y la lucha contra toda discriminación basada en el sexo. Sus disposiciones son de orden público e interés social y de observancia general en todo el Territorio Nacional.”

México ha ido construyendo un entramado legal que, sin duda, promueve la igualdad en todos los espacios para la mujer, sin embargo, existen pendientes que deben ser superados en lo real, el país en la actualidad, en cuanto a la brecha de género, se ubica en el lugar 31 a nivel global, de un total de 146 países, con 76.4 puntos de 100, y ocupa la cuarta posición en la región de América Latina y el Caribe, resultado proporcionado por: El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), cifras publicadas en el mes de julio de este año; este diagnóstico nos permite visualizar a nuestro país, en un contexto en construcción para erradicar el problema de la discriminación contra la mujer, pero no podemos bajar la guardia.

En el escenario político la reforma de 2019 y la democracia en nuestro país

En México la paridad de género se ha consolidado como un principio constitucional desde el año 2019, cuando justo, la norma superior es impactada con una reforma en este sentido, de lo que deriva una participación y representación equilibrada de mujeres y hombres en puestos de poder y en el ejercicio responsable de la toma de decisiones  en lo político, en lo social y en lo económico; en virtud de la reforma que se cita, se ha dispuesto que las mujeres pueden ocupar la mitad de los cargos de decisión en los tres poderes del Estado, en los tres órdenes de gobierno, en los organismos autónomos, en las candidaturas de los partidos políticos a cargos de elección popular, así como en la elección de representantes en los municipios con población indígena, de modo tal que, se promueve una democracia real, desde la dinámica de la pluralidad y la inclusión.

La brecha de género ha existido, existe y seguirá existiendo, si consideramos que lo que se tiene de fondo es, una serie de barreras estructurales de discriminación sistemática y ancestral, incluso, soportada en un modelo patriarcal arraigado que a las mujeres nos ha costado y sigue costando esfuerzo. No podemos seguir bajo el supuesto de vida en el que, la mujer nació para defenderse, para ser disminuida, y en ocasiones violentada, por querer buscar su desarrollo profesional, laboral y económico en condiciones de dignidad, sin estar a la sombra de un hombre, por necesidad de ser vista y respetada por la sociedad.

Se reconoce de los gobiernos, todos en los últimos sexenios en México, su disposición y compromiso para equilibrar la balanza entre hombres y mujeres en lo social, a través de la creación de normas y la implementación de políticas que irradian a todos los espacios.

Aun así, la mujer sigue siendo víctima del acoso sexual y laboral en general en los lugares de trabajo y, en no pocas ocasiones, siente miedo de denunciar a la persona victimaría que puede ser un compañero de trabajo y con mayor frecuencia, un superior jerárquico o jefe, con el riesgo de perder su trabajo como fuente de ingresos necesarios para la manutención propia y de su núcleo familiar, cada vez más mujeres son el sostén de su hogar, encontrando en su trabajo, no solo un medio para realizar sus aspiraciones, sino, para generar condiciones de vida necesarias y dignas. Otro aspecto que se presenta es, que las mujeres no siempre son remuneradas igual que los hombres y, cuando lo hace notar, es víctima de despido, siendo forzada a sobrevivir de lo inestable del trabajo informal. Las mujeres aun, con la capacidad y preparación suficiente, no siempre compiten en igualdad de condiciones por puestos de liderazgo y ascensos justos.

Ahora, destaca que, no solo basta la crítica y la exposición de aspectos por superar para un acceso equitativo en oportunidades entre hombres y mujeres, es necesario que, las mujeres seamos conscientes del rol estratégico que nos involucra hoy día con los diversos sectores, y que propugnemos por prepararnos a diario, con honestidad y disciplina. Además, erradicar el machismo como algo urgente, no es tarea única de los hombres, las mujeres debemos desarrollar un esquema de valores como la empatía de género, y por último, también es visible la violencia entre las mujeres, lo que es verdaderamente lamentable.

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