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Los 7 pecados capitales del empresario

Los 7 pecados capitales del empresario es el tema que hoy te quiero platicar, tema tan importante que hemos desarrollado el equipo del Instituto Latinoamericano de la Franquicia ILAF. En el mundo de los negocios, muchos empresarios incurren en errores que, más que simples fallas tácticas, se vuelven vicios estructurales que arrastran a su empresa al fracaso. Como bien decía Séneca: “el peor desperdicio es un alma que no se conoce a sí misma”. Hoy propongo una mirada distinta, casi espiritual, a los errores más comunes en la gestión empresarial, usando como metáfora los 7 pecados capitales. Sí, esos mismos que han nutrido la literatura y la reflexión moral por siglos, pero que también se esconden —con nueva cara— detrás de decisiones mal tomadas, estrategias impulsivas y liderazgos egocéntricos.

1. Soberbia: “Yo ya lo sé todo”

El primer gran pecado del empresario es la soberbia. Aquella actitud que le impide ver más allá de sus propias creencias y certezas. Creer que el negocio se encuentra bien como está, que no hay nada más que aprender, que los consejos y la ayuda externa sobran. Que no necesitan de asesores o de un consejo consultivo, y que pueden fungir como director, presidente del consejo, abogado, contador, mercadólogo, community manager y hasta chófer y portero. Y claro, ni pensar en capacitarse, tomar cursos o diplomados, ir a seminarios o congresos, viajar; ya que siempre están muy ocupados con un negocio que no puede funcionar sin ellos (de lo cual se sienten muy  “orgullosos”).

Esta soberbia se ve mucho hasta en empresas de todos tamaños, incluso en “franquicias” cuyos dueños presumen que su sistema “ya funciona” porque tienen uno o dos puntos exitosos y ya tienen “manuales y contratos”. Pero una cosa es operar un negocio rentable y otra muy distinta es construir una red de franquicias. La soberbia impide tener visión, optimizar y escalar procesos, profesionalizar estructuras o adaptarse a los cambios del mercado. El Franchising no es opción para este tipo de empresario. 

Estudios realizados en los estados unidos sobre capacitación gerencial y liderazgo muestran que por cada dólar invertido, las empresas pueden obtener hasta 4.15 dólares de retorno (https://www.hibob.com/blog/investing-in-leadership-learning/). El mundo avanza, las expectativas del consumidor cambian y quien se queda en su torre de ego, tarde o temprano caerá, así como cayó Ramsés frente a Moisés, y en franquicias lamentablemente muchas veces conduce al fracaso a otros que creyeron en su marca como franquiciados.

2. Avaricia: “No quiero invertir, solo ganar”

La avaricia no es solo ambición desmedida. Es querer ganar sin dar, obtener sin invertir. Muchos empresarios pecan de tacaños con sus propios negocios: no reinvierten en capacitación, no actualizan su imagen, escatiman en tecnología o en talento humano.

En franquicias es común ver marcas que quieren crecer con lo mínimo: sin manuales, sin software de gestión, sin soporte real al franquiciado. Lo que no entienden es que cada peso que no invierten hoy puede costarles millones mañana en reputación, en eficiencia, en competitividad. El verdadero empresario sabe que el negocio es una siembra constante.

Diversas organizaciones resaltan el hecho de que las Pymes que adoptan tecnología e innovación pueden crecer y consolidarse, mejorar la experiencia del cliente y reducir costos, lo que evidencia que las inversiones -bien planeadas- en infraestructura no son solamente un gasto, sino una palanca de crecimiento.

3. Pereza: “Luego lo hago…”

Postergar decisiones importantes, dejar para después la documentación de procesos, evitar la planificación estratégica, no revisar indicadores… toda esa pereza disfrazada de “estar ocupado al pie del cañon”.

La pereza también se manifiesta en no estudiar, no asistir a capacitaciones, no detenerse a pensar el rumbo. Muchos negocios operan como barcos a la deriva, movidos por la rutina. Los viajes de reconocimiento son de suma importancia; hay que planearlos y ejecutarlos.

La pereza es letal: sin procesos claros no hay replicabilidad, sin estructura no hay escalabilidad, y sin estrategia, solo hay incertidumbre.

4. Lujuria: “Lo quiero rápido y bonito”

La lujuria en los negocios se manifiesta en la fascinación por lo superficial: los premios, las redes sociales, las apariencias. Empresarios que prefieren tomarse la foto con el trofeo en lugar de revisar su estado de resultados. Que presumen sus logros sin tener fundamentos sólidos que los respalden.

En el mundo del franchising esto es común: marcas que invierten más en marketing que en soporte, que buscan crecer en número de unidades sin importar la permanencia de sus franquiciados en el sistema y si sus negocios son rentables. No se puede construir algo grande solo con promesas bonitas.

5. Ira: “Así se hace porque yo lo digo”

La ira como pecado empresarial no solo es mal carácter: es reaccionar sin pensar, tomar decisiones impulsivas, cambiar estrategias sin análisis. La gestión emocional del líder es clave para la sostenibilidad del negocio.

¿Cuántas veces hemos visto franquiciadores que cambian políticas de la noche a la mañana, o empresarios que despiden a alguien por coraje y luego lamentan perder talento valioso? El impulso sin reflexión es uno de los mayores sabotajes internos que un empresario puede hacerse.

En México, muy pocas Pymes cuentan con un consejo consultivo y menos aún con consejos de administración, cuya función principal es evitar sobrerreacción emocional o decisiones impulsivas. El Instituto Mexicano de Mejores Prácticas Corporativas señala en varios de sus estudios cómo los consejeros aportan conocimientos especializados, visión externa y equilibrio en la toma de decisiones de empresas familiares o PyMEs, ayudándolas a perdurar en el tiempo y gestionar mejor riesgos internos y externos.

6. Gula: “Yo lo hago todo”

La gula empresarial es querer comerse al mundo solo, hacerlo todo uno mismo, no importa atragantarse. Es no delegar, no formar equipos de alto rendimiento, contar con los mismos enanos empoderados desde hace mil años por lealtad, no cambiar con los tiempos. En vez de integrar especialistas preparados y formar consejos consultivos o apoyarse en empresas externas, el empresario voraz se empacha de responsabilidades y tareas operativas diarias que no generan riqueza.

Esto es especialmente dañino en franquicias, donde el crecimiento exige institucionalización. Ninguna red crece con una sola cabeza tomando todas las decisiones. Se necesita estructura, equipo y gobernanza.

Los resultados de la encuesta nacional sobre productividad y competitividad de las micro, pequeñas y medianas empresas (enaproce) del INEGI de 2018 reflejan que solo el 15.3% de las PyMes imparten capacitación a su personal. ¡Qué lejos estamos de formar equipos de trabajo capacitados que puedan asumir responsabilidades y tomar decisiones! Seguimos teniendo autoempleos en vez de empresas.

7. Envidia: “Si a ellos les funciona, yo lo copio y seré igual”

La envidia no solo es el deseo de lo ajeno, sino la falta de identidad. Empresarios que copian modelos sin entender el porqué, que implementan estrategias ajenas sin evaluar su aplicabilidad.

En franquicias esto es pan de cada día: marcas que copian formatos de otras marcas sin adaptar procesos, que replican los datos de sus cuotas y regalías (o los dejan un poco abajo porque así creen serán más atractivos para los inversionistas) sin considerar un análisis financiero ni tener idea de cuánto les está costando la actividad de franquiciar, incluso, no falta quien cree que hizo el gran logro de conseguir los manuales o contratos de la competencia y solo cambiarlos a su marca, creyendo que les va a funcionar. La envidia nos ciega y nos hace perder autenticidad y por supuesto nos traerá graves problemas.

Epílogo:

El octavo pecado, la ignorancia. Aunque no está en la lista original, para los negocios hay un pecado que puede ser raíz de todos los demás: la ignorancia. No entender, no capacitarse, no estudiar el entorno, no saber lo que se desconoce. Si el empresario no se forma, está condenado a repetir los errores del pasado y a vivir en el pasado. Y en el caso de las franquicias, esto puede significar el fracaso de todos sus franquiciados y la afectación irreversible de su marca.

Reconocer los errores y las áreas de oportunidad es el primer paso para cambiarlos. Si te viste reflejado en alguno de estos pecados, no es tarde para enmendar. El mundo empresarial no necesita santos, pero sí líderes conscientes, con propósito y visión. Y eso, empieza por mirar hacia dentro de la empresa. Rompe con los vicios y comienza a adoptar las virtudes que llevarán a tu marca a trascender con un espíritu propio y auténtico.

Al final del día, los pecados capitales no son solo una lección de catecismo, sino también un espejo empresarial. Si te descubres pecando con frecuencia —con gula por acaparar todo sin delegar, con pereza para no innovar, o con soberbia por pensar que nadie te puede enseñar nada— no te preocupes: no hace falta confesarte con tu abogado o tu contador, pero sí deberías redimirte con tu plan estratégico; claro que, si así eres feliz, síguele así.

Porque en los negocios, como en la vida, el infierno está lleno de buenas intenciones… y de emprendedores que no se capacitaron. Y el cielo, bueno, ese está reservado para los que se preparan, planean, escuchan, invierten y trabajan en equipo. Así que la próxima vez que vayas a tomar una decisión empresarial, pregúntate: ¿estás actuando con virtud o pecando sin estilo?

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