Artículos

“SER EMPRENDEDOR O SER GODÍN: LA VIDA QUE QUIERO TENER”

Por Raúl Tello

La vida moderna nos coloca ante una encrucijada existencial disfrazada de decisión profesional: ¿Continuar por el camino seguro de un empleo estable, el clásico «godín», como se le llama en México, o arriesgarse a emprender algo propio, con todas las incertidumbres que eso conlleva? Esta elección no es solo económica, sino profundamente humana. Ambos caminos exigen valentía, pero también reflejan visiones distintas sobre el propósito de la vida. 

Para dar respuesta a esta disyuntiva, debemos mirar más allá de los clichés y adentrarnos en lo que realmente define una vida plena: el desarrollo de la virtud, la adaptabilidad y la búsqueda de un propósito que trascienda lo individual.

¿Empleo o Emprendimiento? Realidades y riesgos según los datos

Durante décadas, el empleo tradicional se asoció con estabilidad: salario fijo, prestaciones y una trayectoria predecible. Sin embargo, el panorama laboral actual es mucho más complejo. ¿Realmente ser empleado es sinónimo de seguridad? ¿Y el emprendimiento es solo para quienes toleran el riesgo extremo? Veamos qué dicen los datos.

Empleo: ¿Sinónimo de estabilidad?

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de informalidad laboral en América Latina ronda el 50%, lo que significa que la mitad de los trabajadores carecen de protección social y estabilidad real.

Además, la automatización y la digitalización están transformando el mercado laboral: el Foro Económico Mundial estima que para 2025, 85 millones de empleos podrían ser desplazados por la automatización a nivel global, pero se crearán 97 millones de nuevos roles adaptados a la nueva división del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos.

En Estados Unidos, la duración media en un mismo empleo es de apenas 4.1 años, según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, 2022). Esto refleja una tendencia global hacia carreras menos lineales y mayor movilidad laboral.

Emprendimiento: ¿Solo para los que asumen riesgos?

Diversos estudios, como los de CB Insights y Harvard Business Review, confirman que aproximadamente el 90% de las startups fracasan. Las principales causas: falta de mercado, problemas de liquidez y equipos inadecuados.

A pesar del alto riesgo, el emprendimiento es un motor clave de innovación y empleo. Según la OCDE, las pequeñas y medianas empresas (PYMES) representan más del 60% del empleo y hasta el 55% del valor agregado en economías desarrolladas.

El Global Innovation Index destaca que las startups y emprendedores suelen ser responsables de una parte desproporcionada de las innovaciones disruptivas, aunque no siempre sobreviven para capitalizarlas.

Los datos muestran que ni el empleo tradicional ni el emprendimiento garantizan estabilidad o éxito. El empleo ofrece cierta previsibilidad, pero está sujeto a cambios tecnológicos y económicos. El emprendimiento implica riesgo, pero también la posibilidad de alto impacto y autonomía.

El emprendedor: un héroe moderno de la areté

La filosofía griega clásica definía areté como la excelencia en la realización del potencial humano. El emprendedor, en esencia, vive esta virtud: se enfrenta al caos, crea orden y deja un legado. Pero no es un camino de héroes solitarios. Requiere humildad para fallar, resiliencia para levantarse y sabiduría para delegar. 

El godín: ¿rutina o disciplina?

Trabajar bajo estructuras ajenas no es sinónimo de mediocridad. La clave está en cómo se vive esa experiencia. Un empleado que cultiva habilidades técnicas y emocionales, que busca impactar más allá de su puesto, practica una forma de eudaimonia (bienestar griego) dentro de su rol. El problema surge cuando la comodidad mata la curiosidad. La solución: adoptar una mentalidad intrapreneur , innovando desde dentro.

El intraemprendedor: el tercer camino que fusiona ambas realidades

Entre el emprendedor y el godín existe otro camino transformador: el del intraemprendedor, aquel que innova desde dentro de una organización establecida. Esta vía permite combinar la estabilidad del empleo con la creatividad y autonomía del emprendimiento. Según la investigación de Kaihan Krippendorff, exconsultor de McKinsey, más del 70% de las innovaciones más impactantes de la sociedad en las últimas décadas han sido impulsadas por empleados dentro de las organizaciones, es decir, por “intraemprendedores” o innovadores internos. El intraemprendedor, además de evitar el estancamiento profesional, también construye músculos como la resiliencia y la capacidad de ejecución, clave tanto para emprender como para destacar en cualquier rol. Es una forma de probar ideas sin quemar puentes, de cultivar virtudes como la disciplina y la audacia, y de alinear el trabajo diario con un propósito que trascienda lo individual ¿Por qué elegir entre dos mundos si puedes ser puente entre ambos?

No hay receta mágica

En última instancia, la elección depende de la visión personal, el apetito de riesgo y la disposición a aprender y adaptarse. No existe un camino seguro; la clave está en la capacidad de reinventarse y en la claridad de los objetivos personales y profesionales.

El verdadero riesgo: vivir sin alineación

Tanto emprender como ser empleado pueden ser decisiones valientes o cobardes, dependiendo de si están alineadas con tu propósito. Un amigo mío dejó un puesto ejecutivo para fundar una empresa de energía solar, mientras otro decidió permanecer en su empresa, para liderar un programa de sostenibilidad que impacta a 10,000 personas. Ambos eligieron el crecimiento personal sobre la comodidad. El riesgo real no es financiero: es despertar en el ocaso de tu vida sin haber dado lo mejor de ti al mundo.

La vida no es blanco o negro, sino un lienzo en evolución

La dicotomía emprendedor/godín es falsa. Lo relevante es cultivar la agilidad para moverse entre ambos mundos. La era digital premia a quienes combinan la disciplina del empleado con la audacia del emprendedor. Como decía el filósofo Heráclito, “el carácter es el destino”. Tu elección no es un punto final, sino una línea que se redibuja cada día.

Hoy, más que nunca, la vida exige coraje para reinventarse. No se trata de ser uno u otro, sino de ser alguien que, sin importar el camino elegido, siempre busca dejar huella. El futuro pertenece a quienes entienden que la verdadera estabilidad está en el crecimiento constante. ¿Qué tipo de crecimiento eliges?

Acción inmediata: En los próximos 7 días, identifica una habilidad que te acerque a tu propósito, por ejemplo: aprender diseño UX si quieres emprender en tecnología, o tomar cursos de gestión si deseas liderar en tu empleo actual. Comprométete públicamente con alguien que consideres que te impulsará hacia tu meta y date un plazo de 30 días para avanzar. El cambio comienza cuando la intención se convierte en ritual.

Acepta el reto

  1. Si tienes un empleo: Dedica 1 hora al día (fuera de tu horario laboral) a desarrollar una idea de negocio. Usa metodologías sencillas como el Lean Canvas para validarla sin invertir dinero.
  2. Si ya eres emprendedor: Conviértete en consultor en tu industria durante un mes. Esta experiencia te dará una visión real del mercado, clientes potenciales y necesidades no cubiertas.
  3. Reflexión final: Escribe una carta dirigida a tu yo del futuro. Pregúntate: «¿Qué decisiones de hoy me agradeceré haber tomado?»

El objetivo no es cambiar tu vida de la noche a la mañana, sino crear momentum hacia lo que realmente quieres construir. ¿Aceptas el reto?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *