El poder de la lectura rápida para todos
Tips que todo empresario debe seguir
Una vez escuche la frase – quieres saber la capacidad de un líder, dime cuántos libros lee – me parece fenomenal, por que efectivamente no existe algo más sustancioso para el crecimiento personal que el desarrollo de la mente y del intelecto, toda vez que cuando te sumerges en una lectura desarrollas muchas capacidades mentales y aprendes, te permites vivir muchas vidas, comprender muchos problemas y encontrar excelentes soluciones a través de las líneas entre las páginas de un libro; sin embargo, existe un problema profundo, la envidia del tiempo, que no se detiene para reglarnos más de su presencia, muchos líderes y emprendedores leen, en los limitados tiempos de los que gozan ante la inclemente absorción de tiempo que les exige que se dediquen a sus negocios, a sus oficios y sus trabajos, por lo que muchas veces no pueden culminar con la lectura de los libros que desean, sumado que en nuestro país, las personas adultas leen en promedio 3.4 libros al año y el 64.5% de la población afirma haber leído al menos un libro en los últimos doce meses, de acuerdo con los datos del INEGI en el año 2023; otro dato importante, menos del 10% de la gente que compra un libro pasa del primer capítulo; por lo que pretendo a través de estas líneas, brindarle algunos tips que de aplicarlos, podrá entrenar su visión, sus hábitos y mejorar la velocidad de lectura, podemos tomar como ejemplo la técnica del photoreading o fotolectura creada por Paul R. Sheele y quien tiene el récord de leer 25,000 palabras por minuto comprobado; ahora bien, es importante reconocer a quien fue la pionera en la gestación de la lectura rápida como una habilidad blanda importante para nuestro desarrollo profesional y personal, ella fue Evelyn Wood, quien en 1950, revolucionó la educación con su método “Reading Dynamics” (Dinámicas de lectura) al demostrar que la velocidad de lectura no era una habilidad innata, sino una destreza entrenable. Sus clases en los años 60 y 70 atrajeron a miles de estudiantes, incluyendo políticos, ejecutivos y académicos que buscaban procesar información más eficientemente. Aprovecho, además, este espacio para reconocer a un valioso experto en el tema de la lectura rápida, el mexicano y abogado Ramón Loza González, con quien hemos disertado respecto a las mejores técnicas para mejorar la velocidad de lectura y quien ha sido el ponente para impartir los cursos de este tema en la Antigua Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cuando leemos temas como el que trata el suscrito, pensamos que son habilidades que no se pueden aprender o que son mágicas – completamente falso – claro que se pueden lograr, la mente humana es bastante potente pero tenemos que desaprender las formas tradicionales de lectura palabra por palabra, para ello debemos evitar ciertos vicios que se comenten en la lectura y mejorar la capacidad de atención, como bien menciona el psicólogo búlgaro Georgi Lozanov, los seres humanos ocupamos alrededor del 10% de nuestra capacidad cerebral de forma promedio; sin embargo, sostiene que podemos aumentar el porcentaje entrenando ambos hemisferios del cerebro, por lo que es recomendable que busque ejercicios de entrenamiento cerebral, como sería el tocar su nariz con su mano derecha y con su mano izquierda tocar la oreja derecha, aplaudir y alternar inmediatamente las manos, es decir, ahora mano derecha toca oreja izquierda y mano izquierda toca nariz, hacerlo constantemente de forma coordinada y natural. Dejemos de pensar solo racionalmente, el cerebro tiene diferentes formar de usar la inteligencia, prueba de ello es la teoría de Howard Gardner, psicólogo de la Universidad de Harvard, que en el año 1980 afirmó que nuestra educación gira principalmente alrededor de dos tipos de inteligencia: una que se basa en el uso del lenguaje y la creatividad (hemisferio derecho del cerebro), la otra que se basa en el de la lógica y el razonamiento lógico-matemático (hemisferio izquierdo del cerebro); pero, concluye que esta última sólo es una mínima parte de la inteligencia, por lo que para ser más exacto la inteligencia debe englobar todas las siguientes aptitudes:
- Inteligencia lingüística: capacidad para describir el mundo externo e interno con las palabras.
- Inteligencia lógico-matemática: Capacidad para representar el mundo con símbolos numéricos y manipularlos de acuerdo con las reglas de la lógica y la razón.
- Inteligencia musical: La habilidad para saber valorar, entender y usar la melodía, el ritmo, la armonía y el tono.
- Inteligencia espacial: la habilidad para percibir el mundo visual con exactitud y recrearlo en la mente sobre el papel.
- Inteligencia cinestésica y del cuerpo: Es la capacidad para usar el cuerpo para la autoexpresión hábil o como una herramienta de aprendizaje.
- Inteligencia Interpersonal: la habilidad para poder tener percepción y entendimiento de las emociones y deseos de las personas.
- Inteligencia intrapersonal: la capacidad para dilucidar los valores personales y reforzar la intuición en la soledad.
Los vicios que debemos evitar para leer más rápido

Primero, debemos reconocer y tener la humildad de que siempre podemos mejorar y que no sabemos todo, por lo que tenemos que tener prestancia para aprender y romper prácticas que consideramos que eran correctas, pero no son las más idóneas.
El segundo vicio que se detecta cuando leemos tener una subvocalización, es el hábito más común; ocurre cuando pronunciamos mentalmente cada palabra mientras leemos. Esto es resultado del aprendizaje infantil, cuando aprendimos a leer en voz alta.
El tercero son las regresiones, es decir, volver atrás a releer palabras o frases constantemente interrumpiendo el flujo de lectura y fragmentando la comprensión. Normalmente, las regresiones ocurren por inseguridad o falta de confianza en la capacidad de comprensión.
El cuarto son las fijaciones prolongadas, quiere decir que detengamos la vista demasiado tiempo en palabras individuales, es decir, hacer fijaciones de 4 a 5 por línea, cuando lo correcto sería 1 o 2 fijaciones solamente.
El quinto es tener visión de túnel; muchos lectores se pierden en los detalles sin captar la estructura global del texto, es decir, leen palabra por palabra, reduciendo su capacidad visual panorámica necesaria para entender la arquitectura del contenido en cada página, cuando podemos ver inclusive en un vistazo hasta una línea completa.
El sexto y último, la fatiga visual y mental, la lectura que es lenta e ineficiente, que va palabra por palabra de izquierda a derecha en cada línea de cada párrafo, genera un desgaste excesivo, causa somnolencia (sueño) y dolor ocular, volviéndose un círculo vicioso que debemos romper.

Estrategias para mejorar la velocidad de lectura y fotoleer: Leamos más rápido.
Para leer más rápido y aprovechar la fotolectura, el primer paso es prepararte mentalmente. Antes de abrir el libro, define con claridad tu propósito: ¿qué quieres obtener de esa lectura? No es lo mismo leer para presentar un examen que para escribir un artículo o resolver un problema concreto. Colócate en un estado de alerta relajada: espalda recta, respiración profunda y uniforme, y mente enfocada. Este equilibrio entre atención y calma es la base del aprendizaje acelerado. El segundo paso es la prelectura estratégica. Examina el material sin leerlo a detalle: revisa títulos, subtítulos, palabras en negritas, índices, gráficos y conclusiones. Busca “palabras gatillo” que revelen las ideas centrales. Esto le da a tu cerebro un mapa previo y activa conocimientos relacionados. Consejo práctico: Dedica entre 3 y 5 minutos a hojear el texto completo antes de comenzar; así reduces la resistencia mental y aumentas la comprensión global.
El tercer paso es la fotolectura propiamente dicha. Aquí no se trata de leer palabra por palabra, sino de recorrer las páginas con una mirada suave y centrada, pasando las hojas a un ritmo constante. Mantén la respiración profunda y evita subvocalizar. Confía en que tu mente capta patrones e ideas a nivel no consciente. Un truco útil es fijar ligeramente la vista en el centro de la página y permitir que la visión periférica abarque el resto del texto. No juzgues si “entiendes” en ese momento; esta fase siembra la información. Después, cuarto paso, viene la activación. Deja reposar el material unos minutos —o incluso un día si es posible— para permitir que el cerebro establezca conexiones (periodo de incubación). Luego formula preguntas concretas sobre el contenido y hojea nuevamente buscando respuestas. Recorre rápidamente el centro de las páginas y detente solo en los pasajes relevantes. Elaborar un mapa mental con las ideas clave ayuda a organizar lo comprendido y facilita que la información emerja con claridad.
El quinto paso es la lectura rápida consciente. Ahora sí, lee de principio a fin sin detenerte innecesariamente. Varía la velocidad según la dificultad del texto: acelera en partes descriptivas y reduce ligeramente en conceptos complejos. Evita regresiones constantes con los ojos y usa un marcador visual (dedo o lápiz) para guiar la vista y mantener el ritmo. La fluidez es más importante que la perfección. Finalmente, aplica la lectura sintópica cuando trabajes varios textos sobre un mismo tema. Define tu propósito, crea una pequeña bibliografía, identifica los puntos en común y las diferencias entre autores, resume con tus propias palabras y formula tu opinión fundamentada. La clave no es solo leer más rápido, sino leer con intención, organizar lo aprendido y aplicarlo de inmediato. Empieza hoy mismo: fija un propósito claro, realiza una prelectura de 5 minutos y practica recorrer páginas sin detenerte. La velocidad y la comprensión mejoran con entrenamiento constante.

Ejercicios prácticos
Un primer ejercicio muy efectivo para mejorar la velocidad lectora es el entrenamiento por bloques visuales. Toma un texto sencillo y coloca un marcador (tu dedo o un lápiz) debajo de cada línea. En lugar de leer palabra por palabra, intenta captar grupos de 3 a 5 palabras en cada fijación visual. Desliza el marcador a un ritmo ligeramente más rápido de lo que te resulta cómodo y evita regresar a releer. Programa intervalos de 2 minutos cronometrados, descansa 30 segundos y repite 3 veces. El objetivo no es entender cada detalle, sino entrenar a tus ojos a avanzar con fluidez y reducir la subvocalización. Con práctica diaria durante una semana, notarás mayor amplitud visual y menos regresiones.
El segundo ejercicio está enfocado en ampliar la visión periférica. Abre un libro y fija suavemente tu mirada en el centro de la página. Sin mover los ojos, intenta percibir las palabras que están a los lados, primero una o dos por línea y progresivamente más. Después, traza con la vista una línea vertical imaginaria por el centro de la hoja y baja por ella mientras intentas captar el contenido completo de cada renglón usando solo la visión lateral. Practica durante 3 a 5 minutos diarios. Este entrenamiento fortalece la capacidad de abarcar más texto en cada fijación ocular, lo que incrementa la velocidad de lectura sin sacrificar comprensión.
Conclusión
Es muy importante apreciable lector, que recuerde que la comprensión la aprendemos por capas, hacer una prelectura del libro o del texto que deseamos leer para conocer la estructura, encontrar y ubicar palabras claves, títulos, subtítulos, todo ello va predisponiendo nuestro cerebro respecto al tema o temas que vamos a leer o de lo que trata, por lo que cuando comenzamos a leer es más sencillo retener la información y comprender la lectura, recuerde, en la lectura rápida debemos advertir la información, apropiarnos de las palabras, de los temas, de la información, jugar, la lectura no debe ser tediosa, debe ser entretenida, lo que nos aburre o nos causa desagrado, nos alejamos de ello y conservar lo aprendido, conservar el conocimiento y la experiencia. Finalmente, como les comento a mis estudiantes de oratoria, y en general a todos, parafraseando a Noel Burch, siempre que aprendemos algo nuevo, pasamos por las 4 etapas del aprendizaje o competencias. La primera es la incompetencia inconsciente, donde no somos conscientes de nuestra falta de habilidad o conocimiento de algo, posteriormente, despertamos y nos damos cuenta de que nos falta tener esa habilidad, por lo que sigue el segundo paso, que es la incompetencia consciente, donde reconocemos que no sabemos algo o que no lo hacemos bien, posteriormente, siendo ya conscientes de ello, ponemos manos a la obra y llegamos al paso tercero, el de la competencia consciente, ya hemos adquirido la habilidad, pero todavía necesitamos esfuerzo, atención y práctica deliberada para aplicarla correctamente, y de la práctica constante, llegamos al cuarto paso de la competencia inconsciente, donde el aprendizaje se ha convertido en un nuevo hábito o forma de ser, donde ya somos expertos sin darnos cuenta. Te reto a llegar a este nivel y cuéntame cómo te va. Mucho éxito y prepárate a devorar libros este año.

