Criar niños que sepan resolver problemas: la base de una mentalidad emprendedora
“La educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo.”
— Paulo Freire
En un contexto global marcado por la incertidumbre, los cambios tecnológicos acelerados y nuevos desafíos sociales, la pregunta ya no es solo qué deben aprender los niños, sino cómo aprenden a enfrentar los problemas que encontrarán a lo largo de su vida. En este escenario, las habilidades emprendedoras —entendidas como la capacidad de observar, analizar, proponer y actuar— se consolidan como una de las competencias más valiosas que pueden desarrollarse desde la infancia.
Lejos de asociarse exclusivamente con la creación de empresas, el emprendimiento en la niñez está profundamente ligado a una forma de pensar y actuar ante los retos, una filosofía de vida basada en la iniciativa, la creatividad y la responsabilidad personal.

Resolver problemas: el verdadero punto de partida
Todo emprendimiento, ya sea social, cultural, educativo o económico, nace de un problema no resuelto. Enseñar a los niños a identificar dificultades en su entorno y a imaginar soluciones posibles fortalece habilidades como el pensamiento crítico, la toma de decisiones y la resiliencia.
Desde pequeños, las niñas y niños enfrentan conflictos cotidianos: organizar su tiempo, colaborar con otros, superar la frustración o adaptarse a reglas nuevas. Cuando estos retos se abordan con acompañamiento y reflexión, se convierten en experiencias formativas de alto impacto, mucho más profundas que la simple memorización de contenidos.
El papel de las familias en la construcción de esta mentalidad
El hogar es el primer espacio donde los niños aprenden cómo reaccionar ante los problemas. Más que ofrecer respuestas inmediatas, padres y madres pueden fomentar el pensamiento emprendedor a través de prácticas sencillas pero consistentes:
- Hacer preguntas abiertas que inviten a explorar alternativas y consecuencias.
- Permitir el error como parte natural del aprendizaje, evitando la sobreprotección.
- Involucrarles en decisiones reales, acordes a su edad y contexto.
- Reconocer el esfuerzo y el proceso, no solo el resultado final.
Estas acciones cotidianas fortalecen la confianza y transmiten un mensaje clave: los problemas no se evitan, se analizan y se transforman.

La escuela y las iniciativas públicas como aliadas
En los últimos años, distintos gobiernos han reconocido que estas competencias no pueden desarrollarse únicamente desde el aula tradicional. Por ello, han surgido programas públicos que integran metodologías de emprendimiento, innovación y resolución de problemas desde edades tempranas.
A nivel nacional, también destaca el Programa Nacional de Convivencia Escolar, impulsado por la Secretaría de Educación Pública, que promueve habilidades socioemocionales como la toma de decisiones, la empatía y la resolución pacífica de conflictos, todas ellas estrechamente relacionadas con el pensamiento emprendedor, no desde un enfoque de negocios, sino de competencias para la vida.
Por otra parte, también se destaca Reto Kids Jalisco, una iniciativa pública pionera que transforma el emprendimiento en una aventura para niñas y niños de 4.º, 5.º y 6.º de primaria. Bajo la guía de Zik, un explorador del Planeta Nova que enseña que equivocarse es parte del proceso, el grupo de participantes recorre la metodología “Aprender-Crear-Resolver”.
El programa invita a la niñez a observar su entorno con empatía, identificar desafíos reales y prototipar soluciones creativas mediante el Design Thinking y el juego. Más que buscar un resultado económico, esta experiencia prioriza el pensamiento crítico, la colaboración y la capacidad de comunicar ideas con impacto social y sostenible, preparando a las futuras generaciones para los retos del siglo XXI.
Este tipo de experiencias se alinean con una tendencia más amplia de políticas educativas orientadas al desarrollo de competencias para la vida.
Referentes públicos internacionales
México no es un caso aislado. En distintos países, los gobiernos han incorporado el emprendimiento como herramienta pedagógica desde la infancia:
- En Finlandia, Me & MyCity permite que estudiantes participen en una ciudad simulada donde asumen roles, gestionan recursos y resuelven problemas comunitarios reales.
- En España, el programa Educar para Emprender impulsa proyectos escolares centrados en necesidades sociales y aprendizaje colaborativo.
- A nivel internacional, la OCDE, a través de Education 2030, subraya la importancia de desarrollar pensamiento crítico, creatividad y adaptabilidad desde las primeras etapas educativas.
Estos enfoques coinciden en un punto central: enseñar a pensar es tan importante como enseñar contenidos.


Más allá de los programas: una visión integral
Si bien las iniciativas públicas ofrecen estructura y acompañamiento, su impacto se multiplica cuando existe coherencia entre familia, escuela y comunidad. Un niño que aprende a analizar problemas en el aula y encuentra en casa un entorno que valora sus ideas desarrolla una relación más consciente y activa con su realidad.
No se trata de formar empresarios desde la infancia, sino de criar personas capaces de enfrentar la complejidad, colaborar con otros y generar soluciones con sentido social.
Conclusión
Fomentar habilidades emprendedoras en niñas y niños es, en esencia, enseñarles a resolver problemas con criterio, creatividad y confianza. Padres, madres, escuelas y gobiernos tienen hoy la oportunidad de construir entornos que refuercen esta mentalidad desde edades tempranas.
Como anticipaba Paulo Freire, educar es transformar personas. Y transformar la manera en que los niños piensan los problemas es, quizá, una de las formas más profundas de contribuir al futuro.

