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EL SÍNDROME DE LA IMPOSTORA

Te ha pasado que logras algo grande y, en lugar de celebrar, piensas que fue pura suerte o que en cualquier momento alguien descubrirá que “no eres tan buena”? Ese sentimiento tiene nombre: síndrome de la impostora (SI). Y aunque suena duro, la verdad es que lo viven muchísimas mujeres exitosas, desde empresarias hasta científicas, artistas y políticas.

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE LA IMPOSTORA?

“No soy suficiente. Todo fue suerte. Algún día se darán cuenta de que no merezco estar aquí.”

Si alguna vez pensaste esto después de un logro, conoces de cerca al síndrome de la impostora. Un fenómeno psicológico que hace que mujeres brillantes sientan que no merecen su éxito, aunque los hechos digan lo contrario. El síndrome de la impostora, es esa voz que susurra (a nuestro oido) dudas al liderazgo femenino.

¿QUÉ ES REALMENTE EL SÍNDROME DE LA IMPOSTORA?

El término nació en los años setenta, cuando dos psicólogas, Pauline Clance y Suzanne Imes, se dieron cuenta de que muchas mujeres brillantes se sentían “fraudes” a pesar de sus logros.

En palabras simples, es esa sensación de no ser suficiente. Aun cuando el currículum, los resultados y la experiencia dicen lo contrario. Se manifiesta de muchas formas:

  • 🙁 Te cuesta reconocer tus logros.
  • 🙁 Atribuyes tu éxito a la suerte o a que alguien te ayudó.
  • 🙁 Sientes que, en cualquier momento, descubrirán que “no mereces” el lugar que ocupas.

EL IMPACTO DEL SÍNDROME DE LA IMPOSTORA EN EL LIDERAZGO FEMENINO

El síndrome de la impostora (SI) no es solo una voz interna que cuestiona logros. En realidad, es un fenómeno que atraviesa las formas de liderar, afecta las oportunidades de crecimiento y moldea la expe riencia de muchas mujeres en la cima empresarial

Autoconfianza debilitada

El SI mina la seguridad personal. Muchas líderes dudan antes de tomar decisiones clave, frenan su voz en juntas estratégicas o posponen innovaciones por miedo a equivocarse.

Resultado: la empresa pierde propuestas valiosas y se limita la innovación

Carreras truncadas

El miedo a “no estar a la altura” provoca que algunas mujeres rechacen ascensos, se autocensuren en proyectos de alto perfil o abandonen la idea de aspirar a un consejo directivo.

Resultado: menos mujeres en la cúpula, más lento el avance hacia la paridad.

Estrés y desgaste emocional

La autocrítica constante, el perfeccionismo y la presión por demostrar dos veces lo mismo generan ansiedad y burnout.

Resultado: la empresa pierde propuestas valiosas y se limita la innovación

Autoridad Cuestionada

En equipos diversos, la impostora socava la percepción de legitimidad: la líder duda de sí misma, lo que a veces es percibido como falta de firmeza.

Resultado: erosión de la credibilidad en entornos que aún cargan con estereotipos de género.

Potenciales Fortalezas

No todo es negativo: algunos estudios muestran que quienes experimentan SI desarrollan mayor empatía, escucha activa y sensibilidad interpersonal.

Resultado: la empresa pierde propuestas valiosas y se limita la innovación

El círculo vicioso del “Techo de Cristal”

Las barreras estructurales (menos mujeres en consejos, menos CEO) refuerzan la idea de “no pertenecer”. El SI, a su vez, alimenta esas barreras internas y externas.

Resultado: la empresa pierde propuestas valiosas y se limita la innovación

Aunque tengas la respuesta o la idea innovadora, la inseguridad puede frenar tu voz.

Hablas menos en la mesa de decisiones

Muchas mujeres rechazan ascensos o proyectos de alto impacto porque temen “no estar a la altura”.

Tomas menos riesgos

El síndrome de la impostora no es solo un malestar interno. En el mundo empresarial, afecta directamente el liderazgo femenino:

No solo están las barreras externas, sino que también se instala esta barrera interna que te hace dudar de tu lugar en la cima.

El techo de cristal se fortalece

Esa exigencia interna constante desgasta, genera estrés y hasta burnout.

La autocrítica se convierte en enemiga

Pero hay una cara interesante: algunos estudios recientes muestran que quienes sienten el síndrome de la impostora desarrollan mayor empatía y habilidades interpersonales. Es decir, la duda también puede transformarse en una herramienta para conectar con los demás, siempre y cuando no se vuelva paralizante.

EL PESO DE LOS ESTEREOTIPOS

El síndrome de la impostora tiene raíces profundas en los estereotipos de género. La sociedad suele imaginar al líder como alguien “firme, autoritario y seguro”, cualidades asociadas históricamente a lo masculino. En cambio, a las mujeres se les espera “cercanas, cuidadoras y cooperativas”.

Cuando la “impostora” se mete en nuestra cabeza, eso afectará nuestra eficiencia, ya que nos generará inseguridades, por lo tanto, tenderemos a:

Ese doble estándar genera lo que muchas líderes sienten: si eres firme, te llaman “dura”; si eres empática, te ven como “blanda”. Y en medio de esa tensión, crece la semilla de la impostura.

Menos riesgos: rechazamos proyectos o ascensos por miedo a fallar.

Silencio en la mesa de decisiones: aun con la mejor idea, a veces callamos.

Estrés y agotamiento: la autocrítica constante pasa factura.

Techo de cristal reforzado: las barreras externas se mezclan con la barrera interna de la duda.

Dato clave: Estudios muestran que el síndrome de la impostora está ligado a mayor ansiedad y menor satisfacción laboral.

Y en México, ¿qué pasa?

Los números nos hablan: Solo 13% de los asientos en consejos de empresas mexicanas están ocupados por mujeres. Apenas 4% de las compañías tienen una CEO mujer. Y, aunque en puestos gerenciales hay más presencia (alrededor del 39%), las mujeres siguen sin llegar en masa a los espacios de mayor decisión.

En Sinaloa, por ejemplo, más del 70% de los empleos formales creados a inicios de 2024 fueron ocupados por mujeres. Un dato alentador que muestra que el talento está, pero aún necesita abrirse camino hasta la cima.

EL DOBLE ESTÁNDAR QUE LO ALIMENTA

El mundo todavía imagina al líder como duro, seguro, decidido. Y a las mujeres, como empáticas, cuidadoras, cercanas.

CÓMO DARLE LA VUELTA AL

SÍNDROME DE LA IMPOSTORA

Habla de ello.

Nombrar lo que sientes le quita poder. Cuando compartes con otras mujeres líderes, descubres que no eres la única.

Busca mentoras y redes

El acompañamiento femenino es clave. Escuchar historias de quienes ya rompieron techos abre horizontes.

Invierte en ti.

Coaching, talleres, grupos de liderazgo. Fortalecer habilidades es una forma de silenciar la voz interna de la impostora.

Cambia la narrativa.

El síndrome de la impostora no te define: es una reacción aprendida en un sistema que durante años ha cuestionado el poder de las mujeres.

Celebra tus logros.

Haz el hábito de reconocer tus avances, aunque parezcan pequeños. Cada paso cuenta.

Celebra tus victorias.

Haz un registro de logros, por pequeño que parezca.

En resumen, el síndrome de la impostora no es un defecto personal. Es el reflejo de un mundo empresarial que todavía no da a las mujeres el mismo reconocimiento que a los hombres. Pero también es una oportunidad: reconocerlo permite transformar la duda en motor y construir liderazgos más humanos, auténticos y poderosos.

LO TRABAJASTE Y LO GANASTE

El síndrome de la impostora no es un fallo personal. Es una voz aprendida en un mundo que, durante años, cuestionó la presencia de las mujeres en el poder. Pero hoy, esa voz puede convertirse en motor. Porque cada vez que una mujer se atreve a liderar, abre la puerta a muchas más.

El liderazgo femenino se fortalece cuando se derriban las barreras simbólicas que alimentan la impostura. Y, en esa batalla, la empresa juega un papel crucial al construir ambientes inclusivos donde las mujeres no tengan que demostrar dos veces lo que ya lograron.

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