La situación de las madres trabajadoras tras COVID-19 en México

Por Aidée Zamorano

A poco más de un año de ser declarada la pandemia mundial por el virus del SARS-CoV-2; la vida cotidiana hasta ese momento se ha transformado en formas inimaginables. Sin embargo, hay temas que poco se hablan y son relevantes para la población. Como lo es la situación de la mujer durante la pandemia; ya que las labores domésticas y de cuidados se han incrementado en los hogares mexicanos.

Las labores de cuidado limitan y en muchos casos, impiden tener tiempo para acceder a un trabajo remunerado, pues no se cuenta con la disponibilidad para cubrir un horario laboral completo. Por ello, las mujeres representan una gran proporción de la economía informal, sector severamente afectado por la emergencia sanitaria.

De acuerdo con la OCDE, las mujeres mexicanas llevan a cabo más del 75% de los quehaceres del hogar; incluyendo las tareas domésticas y el cuidado de los niños. En promedio le dedican 39.7 horas a la semana, en contraste con las 15.2 horas semanales de los hombres.

Dicha situación, está impactando la vida de la mujer, no solo porque su participación en las actividades económicas remuneradas se encuentra en riesgo; sino porque significa un retroceso en la igualdad de género y agudiza la brecha salarial.

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para el primer mes de 2021 reportó una tasa de desocupación de 4.7%; la población ocupada pasó de 52.8 a 51.9 millones de personas. Las mujeres fueron las más afectadas por la contracción del mercado laboral, representando el 90% de las bajas reportadas en enero. Además, del total de empleos perdidos, 68% fueron en el sector informal y 32% en el formal.

Un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal); indica que la crisis ocasionada por la emergencia sanitaria ha tenido un efecto negativo en la ocupación y en las condiciones laborales de las mujeres. La participación femenina en el mercado laboral cayó a 46%, después de haberse situado en 52% en 2019; mientras que para los hombres descendió al 69% en 2020 frente al 73.6% de 2019.

Asimismo, según las últimas cifras publicadas por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); se perdieron 647 mil 710 empleos en 2020, de los cuales 560 mil 473 eran formales y 87 mil 237 eran eventuales.

Por consiguiente, ante la urgencia de encontrar un empleo para solventar los gastos del hogar. Muchas madres trabajadoras han aceptado trabajos mal pagados, jornadas de medio tiempo, incluso algunas más han abandonado o pausado su carrera profesional; para dedicar más tiempo al cuidado de sus infantes, pues con el cierre de las guarderías y escuelas, no tienen otra opción.

En el caso de las madres que trabajan en la modalidad home office, la situación no es tan distinta; pues sortean el cuidado de sus hijos e hijas entre videollamadas y pendientes del trabajo; además de apoyarlos con las tareas escolares y clases virtuales.

Las mujeres se enfrentan con trabajos rígidos. Con poca flexibilidad de horario y en algunos casos, el home office significa disponibilidad 24/7. Panorama que complica aún más la situación de las madres trabajadoras.

Al brindar mayores oportunidades laborales para las mujeres, repuntaría más rápido el crecimiento económico. De acuerdo con el Banco Mundial; si se cerrara la brecha entre la participación entre hombres y mujeres, el ingreso per cápita sería 22% más alto en México.

Y por si no fuera suficiente, el confinamiento también trajo consigo el riesgo -siempre presente- de la violencia doméstica. Según datos de la ONU, la violencia contra la mujer aumentó un 60%, siendo los principales agresores sus parejas hombres.

Las denuncias por violencia familiar se incrementaron. Mayo de 2020 fue el mes con menos casos con 1,550 denuncias; para aumentar mes con mes hasta octubre cuando se alcanzaron 2,777 carpetas de investigación; para cerrar en diciembre con 2,489 según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

La vulnerabilidad de la mujer ha incrementado; sin empleos, sin ingresos y con sobrecargas de trabajo no remunerado, las mujeres han vivido en la pandemia un retroceso significativo en su desarrollo profesional.

Ahora con el confinamiento las madres; juegan tres roles: el de trabajadora, mamá y maestra. Realizando dobles y hasta triples jornadas laborales, de las cuales sólo una es pagada, teniendo como consecuencia un desgaste físico, psicológico y emocional.

La Organización Mundial de la Salud (OMS); ha reportado que algunos países han registrado altas tasas de síntomas de ansiedad (6-51 por ciento); de depresión (15-48 por ciento), trastorno de estrés postraumático (7-54 por ciento) y sufrimiento psicológico no específico (34-38 por ciento).

De acuerdo al informe de la OMS, la pandemia está provocando un incremento de la demanda de servicios de salud mental. El duelo, el aislamiento, la pérdida de ingresos y el miedo están generando o agravando trastornos de salud mental.

Muchas personas han aumentado su consumo de alcohol o drogas y sufren crecientes problemas de insomnio y ansiedad.

Estos síntomas no solo se presentan en adultos, sino que pueden afectar directamente a los infantes. De acuerdo con la encuesta ENCOVID19 Infancia realizada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF); la pandemia está afectando negativamente todos los aspectos de las vidas de niñas, niños y adolescentes en México; particularmente en el caso de los más pobres. Entre abril y julio, más del 30% de la población mayor de 18 años presentó síntomas severos de ansiedad según los resultados de la encuesta. Pero el porcentaje de personas con síntomas severos es mayor; en los hogares con dos o más infantes, frente a los hogares sin niñas o niños: 35% versus 27%.

En este contexto vislumbramos que las condiciones en México no están listas para propiciar el desarrollo profesional de las mamás trabajadoras, y es un problema público que se tiene que hacer visible y tomar cartas en el asunto.

Las madres trabajadoras la están pasando doblemente mal; ya que esta situación recrudeció aún más las desigualdades entre hombres y mujeres. En los últimos años a marchas forzadas; la mujer empezaba a ganarse un lugar en el ámbito laboral y con la emergencia sanitaria se está retrocediendo en este tema.

Por ello, las empresas deben reconocer todos estos desafíos que sortean las madres trabajadoras y actuar activamente para que sus colaboradoras puedan continuar con su desarrollo profesional. Con la entrada de la mujer al mercado laboral, además de aumentar los ingresos de ellas, se puede obtener una recaudación de impuestos mayor. Según un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) señaló que se obtendrían 2,500 millones de pesos adicionales por concepto del Impuesto sobre la Renta (ISR).

Desde sector público también se podría generar un cambio, por ejemplo, modificando la Ley Federal del Trabajo en el artículo 170, donde estipula que las mujeres tienen 84 días de maternidad y los hombres 5 días de paternidad, igualar estos tiempos y unificar estos nombres por ‘licencias parentales’, ya que desde esta perspectiva sólo se refuerzan los roles de género, donde la mujer es la encargada de los cuidados del hogar y el hombre el proveedor.

Al igualar este tipo de prestaciones para ambos grupos se podría comenzar a construir un cambio en los estereotipos de género que actualmente tenemos muy arraigados en la sociedad mexicana.

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