Miguel Àngel de la Fuente

Trayectoria

• Licenciado en Derecho.

• Maestro en Derecho Penal y Criminología.

• Doctor en Juicios Orales.

• Especialidad en Juicios Orales por el INACIPE (Instituto Nacional de Ciencias Penales).

• Doctor «Honoris Causa».

• Capacitador de Ministerios Públicos,

  Defensores y Custodios.

• Ponente de las Casas de la Cultura Jurídica de

   Puebla y Ciudad Obregón, Sonora.

• Conferencista y ponente de cursos del

 sistema acusatorio.

• Escritor de artículos del Sistema Acusatorio.

• Catedrático de Maestría y Doctorado.

• Abogado postulante en Materia Penal.

• Director de la firma legal De la Fuente Penalistas.

El derecho penal como estandarte de mi profesión

Desde el momento en que egresé de la Universidad, me incliné notoriamente por conocer y aplicar la materia penal, ya que me llamaba la atención los procesos que se les seguían a las personas que eran detenidas –todavía en el sistema tradicional-; sin embargo, en el año 2008 con la entrada en vigor de la reforma Constitucional en materia Penal, se revolucionó la forma de aplicar los procedimientos trasladándose de un sistema escrito a uno de corte oral acusatorio.

Esto me indujo a prepararme por medio de cursos y a obtener posgrados que me ayudaron a mi formación profesional y todo ello encaminado a conocer el fondo de la instrumentación del sistema de justicia penal en México –el cual ya no llamaremos nuevo-; ya que en nuestro país tenemos 11 años con este sistema.

Me he desempeñado frecuentemente como defensor particular de muchas personas que son señalados como imputados, mi función esencial radica en estudiar los casos que me proponen representar, desde la perspectiva del respeto a los derechos fundamentales que tiene el responsable, de contar con una defensa adecuada, presunción de inocencia, que no haya sido torturado, que no le atribuyan conductas no cometidas (sembrado evidencia) y sobre todo analizar si durante la prosecución de procedimiento penal, se aplicaron las reglas del llamado “debido proceso”.

Lo más complejo es luchar entre la ética y lo moral

En el desarrollo de mi profesión como abogado penalista, se debe contar la mentalidad de que todos los imputados son inocentes y que tienen el derecho a ser oídos y vencidos en un juicio, mediante una defensa adecuada y ese trabajo alguien debe realizarlo. Habrá muchos casos en los que, valiéndose de una adecuada aplicación del procedimiento en materia penal, y una adecuada estrategia, se logre la libertad del “acusado”, lo que será totalmente gratificante en el status profesional, aunque en lo personal te genere sentimientos encontrados, incluso, no satisfactorios.

Éticamente tengo que defender a personas que, en muchos casos, son culpables; sin embargo, mi proceder debe ser profesional, dilucidar entre lo moralmente permitido no es parte de la dinámica de los casos que atendemos; ello también porque entre cliente y abogado debe existir esa confidencialidad, tan necesaria para saber a qué nos enfrentamos, y la función de mi experticia en muchos casos, es demostrar que no son responsables, a pesar de tener todas las pruebas en su contra.

En el devenir de mi etapa como abogado litigante del sistema acusatorio, me ha correspondido representar asuntos en los que hemos obtenido diversas sentencias absolutorias, incluso asuntos contra la PGR y contra Fiscalías de muchos estados del país, lo que en la mayoría de los casos genera mucha controversia y rispidez con los Ministerios Públicos y con los familiares de las víctimas cuando observan que los acusados salen caminando por haber obtenido su libertad.

Cada caso tiene su grado de complejidad, no suelo investigar a mis clientes, finalmente sea quien sea, una vez analizado su caso, aplicaremos toda nuestra estrategia para su defensa, eso también conlleva un riesgo en el tema de seguridad, no solo para mí, sino para mis colaboradores; en general los abogados penalistas vivimos con incertidumbre diaria, no siempre los clientes quedan satisfechos.

Un ejemplo claro y que me dejó muy marcado fue un asunto que llevé en Monterrey, en esa ocasión una colega me pidió apoyarla para desahogar una audiencia de juicio oral por un asunto de secuestro y delincuencia organizada y como no eran mis clientes en realidad no sabía con qué personas estaba tratando; al llegar a la sala de oralidad me percato que eran 5 imputados, los cuales al verme llegar empezaron a murmurar entre ellos, convirtiéndose en ese momento en una situación muy tensa; durante el desarrollo de la audiencia se generaron contrainterrogatorios muy fuertes en contra de las pruebas del Ministerio Público, incluso en una ocasión en el interrogatorio a un testigo protegido se tuvo que decretar un receso porque era tan fuerte la presión que se le ejerció que empezó a llorar, se alteró por el tipo de preguntas que le estaba formulando; antes de emitir el fallo, estábamos convencidos de que iba a pronunciarse un fallo a nuestro favor, pero al ser un asunto de alto impacto social el juzgador prefirió pronunciar una resolución condenatoria; ante esto, el líder de los acusados, me dijo: “Chaparrito, me gustó mucho lo que hiciste, estuvimos cerca de salir, así que no te preocupes no te va a pasar nada”, ante esto, le cuestione ¿el porque me aseveraba eso?, contestándome que como era de otro Estado y no me conocían ya habían decidido entre ellos quien me iba a mandar a matar, esas palabras me dejaron con el sentimiento de saber que estaba vivo por el trabajo que hice junto con mi colitigante, pero sino les hubiera parecido, simplemente me hubieran privado de la vida; posterior a esto, me informaron que eran miembros de un cártel del norte del país.

Mi fórmula es nunca asegurar resultados

Al momento de que algún cliente requiere de mis servicios, le establezco que representaré su asunto con la consigna de un porcentaje de 50-50, es decir, las mismas probabilidades de un resultado positivo y las mismas para un resultado negativo, sin embargo, en el desarrollo de las audiencias penales, se aplican técnicas de litigación muy agresivas tendientes a desvirtuar las pruebas de los Ministerios Públicos y con ello infundir en el juzgador la llamada “duda razonable” para obtener la libertad de mis representados y todo ello, como resultado del desarrollo de mi profesión, eso conlleva que el resultado, la mayoría de las veces, sea positivo; de igual manera cuando no obtengo el resultado esperado hay tranquilidad porque son muchos los elementos que influyen, asuntos de impacto mediático, que el juez no quiera tener la responsabilidad de una resolución y, sobre todo los criterios de los juzgadores, afortunadamente existen medios de defensa que se promueven para modificar o anular la resolución impugnada.

Como abogados tenemos que ser humildes, ante todo debes establecer con los clientes que no todas las audiencias se ganan, les tienes que explicar cómo va su asunto, tu alcance y limitantes, para que ellos proyecten un resultado. Debes hablar con rectitud y de manera directa, no se debe engañar, cuando salen sentencias en nuestra contra se les expone que eso no es definitivo, ya que contamos con otras instancias que pueden modificar el sentido, tales como la apelación o amparo, pero es importantísimo hablarles con la verdad.

Desde el primer contacto, lo que se les cuestiona es el tipo de delito por el cual está siendo procesado, para con ello, establecer si va a permanecer en prisión o puede tener la oportunidad de seguir su proceso en libertad, sin embargo, es imprescindible subrayar que aun así que no se adelanten a la audiencia respectiva, ya que todo puede pasar, se debe comentar las repercusiones del delito y el tiempo máximo de un procedimiento penal en México es de 2 años.

El mayor reto de los abogados penalistas es que se aplique el procedimiento con plena observación de las formalidades, ya que no obstante que contamos con un Código Nacional de Procedimientos Penales –para México-, los criterios que aplican los juzgadores son variados y en muchas ocasiones totalmente inapropiados, hasta el punto de cuestionarnos… ¿Acaso ese Juez tiene su propio Código, porque el que tenemos señala otra cosa?

En las audiencias orales penales que he desahogado en varios Estados de México, he tenido la oportunidad de obtener diversas experiencias en los Tribunales, que en varios casos nos dan un panorama de cómo va la aplicación del nuevo sistema penal en México, tales como:

•     Se vaya la luz a mitad de la audiencia.

•     Suene el teléfono de un Juez con un tono de trenecito,

•     Un testigo llegue alcoholizado declarar y el Juez lo apruebe.

•     Dure 11 horas continuas una audiencia.

•     Me aplaudan los imputados después de contrainterrogar a un perito.

•     Una Juez se duerma en plena audiencia.

•     Tiemble en la audiencia y nos desalojen.

•     Un Ministerio Público en el desarrollo de una prueba salga corriendo intempestivamente por ir al baño.

•     Se desmaye una detenida en una audiencia.

•     Al ganar una sentencia absolutoria, te diga el cliente que todo lo hizo su Dios y no tú.

•     Se demuestre que el Ministerio Público inventó. pruebas para ganar su asunto.

•     Durante la audiencia tu cliente te pregunte cómo se llama el Juez o el MP para que los intimiden.

•     En el juicio oral las pruebas contundentes de los fiscales no lleguen.

•     Se acerque el Ministerio Público y te pida que ya no interrogues tan severamente a sus testigos porque lo hacen quedar mal con sus jefes.

•     Después de un fallo absolutorio los familiares de las victimas te amenacen y tantas cosas más que vivo   diariamente en los Tribunales.

El papel del catedrático con las nuevas generaciones

En mi función de catedrático, conferencista y ponente, es la de enseñarles a los abogados las bases teóricas y combinarlas con la práctica, esto, con el objetivo de dotarlos del mayor número de conocimientos para poder desahogar una audiencia del sistema acusatorio; muchos de ellos piensan que es fácil sentarse en un escritorio de un Tribunal y litigar contra un Ministerio Público y no es así, no es fácil, todas las audiencias son diferentes, se pueden complicar por diversos factores, tanto en las pruebas presentadas, los criterios, los nervios te pueden traicionar, es indispensable que empiecen por lo más básico, si no se sienten capaces de llevar una audiencia no lo hagan.

Es primordial que sepan que en nuestro país (México) existe el artículo 121 del Código Nacional, el cual señala de forma específica que si un juzgador observa que el defensor o asesor jurídico NO CONOCE el sistema acusatorio, le va a requerir al imputado para que designe a otro o si quiere conservarlo, se llamará al defensor público para que “asesore al defensor”, empero, si el imputado decide no continuar con su representación, se le pide al abogado que abandone la sala o que se quede en el público, ya que ha sido revocado; esto constituye un impacto emocional en el defensor, por ello insistimos en la constante capacitación, ya que me ha tocado retomar asuntos muy avanzados y con una deficiente asesoría.

Es necesario especializarse

Como en todos los inicios, en el Despacho litigábamos de todo, pero con la llegada de la reforma en el 2008, debimos especializarnos y definitivamente nos enfocamos en el tema penal, si de manera directa me llega un asunto mercantil, no lo tomo porque conozco mi limitante. Ya no somos todólogos, necesitamos tener la mentalidad de que dependemos de otros, por ejemplo, en un asunto penal fiscal necesito un contador y un fiscalista, obviamente con sus criterios les pido el fondo y yo le doy la forma. Estas nuevas alianzas nos fortalecen, y obviamente la materia fiscal es ahora, una prioridad en el tema empresarial.

No se sumen en el egocentrismo de que “todo lo podemos” por ser abogados, céntrense en su materia y si se van por la materia penal piensen que deben tener certidumbre, seguridad y humildad para celebrar las victorias y asumir las derrotas.

La Materia Penal es una especialidad muy gratificante, pero olvídense de la vida social, los que nos dedicamos a litigar no tenemos horario, ni un destino, muchas veces ni familia, ser penalista es tener un nivel de estrés muy alto, es mucha adrenalina, por eso es fundamental sientan esa pasión por la materia, porque de otra manera declinarán y se avocarán a otras materias.

Como colofón debo señalar una pregunta que me formulan frecuentemente en mis conferencias: ¿El sistema Penal Acusatorio funciona en México? Y mi respuesta es inmediata al señalar que el sistema si sirve y es perfectible, los que no funcionamos somos los intervinientes, para ello, es indispensable capacitarnos y lo recalco por el hecho de que he obtenido muchos resultados favorables, con solo aprovecharme del desconocimiento de mi contraparte, así que a seguir estudiando porque todos los días se aprende algo.

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