LA MISERIA HUMANA

Por: Edith Belmont

El deseo excesivo por la búsqueda de riquezas, estatus y poder es un sentimiento natural y reinante en la mayoría de los seres humanos. La codicia, por su parte, es el afán excesivo de riquezas, sin necesitarlas.

Hagamos un ejercicio rápido, amigo lector: voltee a su alrededor (en donde quiera que se encuentre: casa, oficina, empresa, negocio, parque…), observe a las personas que lo rodean, piense: ¿cuántas de ellas cree usted que sientan avaricia, codicia, envidia, deseos de poder y riqueza? Ahora, vuelva a mirarlas: ¿cuántas de ellas cree usted que sienten nobleza, empatía, compasión, solidaridad, bondad y cuántos de ellos estarían dispuestos a ayudarlo sin pedir nada a cambio?

Tristemente en la primera pregunta contestará que a diez ó a nueve los embarga la avaricia y la codicia. Mientras que en la segunda dirá que quizá sólo uno. La codicia y la avaricia generan deslealtad, traición deliberada y conflictos hasta entre personas de la misma sangre. Porque es más fácil quitarle algo a alguien que quitarnos algo para ayudar a alguien. Como escuche por ahí: “La codicia es corrupta y la avaricia es desleal, ambas son abismos de muchos”

Se preguntará ¿A qué viene todo esto?

Estamos viviendo momentos difíciles en donde, a dos años del confinamiento por la pandemia, parece ser que los individuos han acumulados sentimientos y resentimientos y algunos de ellos están empezando a sacar a los monstruos que llevan dentro.

¿A qué me refiero?, al conflicto (que hasta el día de hoy marzo 16 que escribo estas líneas sigue sin solucionarse) entre Rusia y Ucrania.

Es increíble que el sólo deseo de acumulación de dinero, objetos y posesiones de todo tipo (incluidas personas) mediante el abuso de poder de cualquier tipo, la estafa, el robo, el secuestro y el asalto en todas las variedades imaginables,  valiéndose del engaño, el poder económico y político, de mecanismos de presión, manipulación, la tergiversación o descalificación de las leyes que estorban, pasando por encima de las autoridades y engañando a la sociedad, un hombre pueda causar tanto daño y desgracia por su ambición. 

Rusia es un gran exportador de petróleo y gas natural para la Unión Europea, pero varios de los ductos importantes atraviesan precisamente por Ucrania.  (ver gráfico). Además, Ucrania cuenta con importantes yacimientos de gas natural que también son transportados a través de esos ductos (ver gráfico).

Esta es una poderosa razón por la que Rusia está tan interesado en tomar el control de Ucrania, cueste lo cueste, pasando por quien tenga que pasar y cobrando las vidas que tenga que cobrar. Su ambición de poder no tiene límites, como decía Ralph Waldo Emerson “Los hombres, tal como son, se inclinan por naturaleza a ir en pos del dinero o del poder, y del poder porque vale tanto como el dinero” o cómo decía Tomás Hobbes en el LEVIATÁN: “La primera y más grande inclinación de la humanidad entera es un perpetuo e incesante afán de poder, afán que no cesa sino con la muerte”.

Aquí el problema es que tendremos que lidiar con las consecuencias emocionales y los impactos económicos que dejará esta guerra.

Ya veníamos arrastrando secuelas emocionales que nos había dejado la pandemia con los miles de muertos que dejó y sigue dejando a su paso, ahora, tendremos que esperar las cifras que dejará la guerra no sólo de muertos, sino de heridos y desaparecidos. Esto ha generado miedo e incertidumbre. Y el miedo es el sentimiento más arraigado en el ser humano, recordemos la frase del cineasta Woody Allen: “El miedo es la pareja más fiel que he tenido en toda vida, jamás me ha abandonado para irse con otro”.

A todo esto, tendremos que sumarle también el sentimiento de pérdida del sentido de la vida, sentimientos de odio, desesperación, desprecio, ira, estrés postraumático, angustia, depresión, entre otros. Son muchos los efectos emocionales que lamentablemente dejará el conflicto no sólo entre la población involucrada, sino en el mundo en general, pues a través de la tecnología (redes sociales y medios de comunicación) todos hemos sido testigos; lo que despierta, (al menos en mí) el sentimiento de impotencia y frustración.

Por otro lado, el principal impacto económico a nivel mundial del conflicto Rusia-Ucrania, sería provocar alza de precios del gas natural y petróleo, que hará elevar los precios de las materias primas y por consecuencia, aumentar las presiones inflacionarias.

Ya veníamos advirtiendo en artículos anteriores que, aún sin guerra, preveíamos que la inflación al consumidor en EU, alcanzaría el 9% con la posibilidad de que rebase el 10% durante el segundo trimestre de este año. En este caso, la inflación en México podría rebasar también el 10% a mediados del 2022. En días pasados se dio a conocer que la tasa de inflación en la Unión Europea alcanzó un máximo histórico de 5.8%. Estamos viviendo tasas de inflación nunca vistas a nivel mundial de manera tan generalizada.

Ese aumento de la inflación presionará aún más al alza las tasas de interés y la Reserva Federal de los EU se verá obligada a subir sus tasas a partir de este mes de marzo, como lo tenía previsto, siguiendo el Banco Central Europeo y por consiguiente el Banco de México.

Aquí el riesgo es que pierdan el control en el proceso y se vean obligados a elevar aún más rápido las tasas de interés hacia adelante, lo que profundizaría y adelantaría la tan anunciada e inevitable “Crisis Global” de la que ya le hemos advertido aquí, en Empoderamia.

En conclusión, esperamos que hayan seguido nuestras recomendaciones y se encuentren totalmente protegidos con sus créditos, ya sea a tasa fija o con cobertura de tasa de interés (swap). Que hayan manejado sus niveles de crédito de forma prudente y si lo adquirieron haya sido para actividades productivas. Si utilizaron sus tarjetas de crédito, las liquiden en tiempo y forma, no es malo utilizarlas, es malo dejar de pagarlas y dejar que se acumulen los intereses, que por el alza de tasas puede convertirse en una bola de nieve.

Aún, aunque el conflicto se solucione pronto, la crisis ya está en marcha y el daño ya está hecho.  Como decían nuestros abuelos: “palo dado, ni Dios lo quita” y en estas circunstancias es mejor estar consciente y preparado.

Preparados también y hacer un esfuerzo por superar los sentimientos negativos que dejará a su paso la pandemia, el conflicto y la crisis económica. Tener un buen manejo y control sobre nuestras emociones. Tener la cabeza fría para tomar decisiones que puedan afectar nuestro patrimonio sin dejar atrás los sentimientos que nos pueden convertir en verdugos; como decía Daniel Goleman en su libro La Inteligencia Emocional: “En un sentido muy real, todos tenemos dos mentes: una que piensa y otra que siente, estas dos formas interactúan para construir nuestra vida mental. Pero cuando aparecen las pasiones, la balanza se inclina y es nuestra mente racional la que domina y aplasta a la mente emocional”.

Muy dentro de nosotros se encuentra el sentimiento de empatía, que es considerado un valor porque se percibe como una cualidad o característica positiva que permite que una persona pueda comprender las reacciones, actitudes o sentimientos de otra, y está relacionada con la compasión, el respeto, la bondad, la solidaridad, la tolerancia y la unión entre los sujetos.

Busquemos en nosotros la empatía y tratemos de ejercerla con las personas que nos rodean, pongamos nuestro granito de arena, si no para terminar con esta guerra, si para cambiar nuestro entorno e impactar poco a poco a otros, como cuando aventamos una piedra en un estanque: “los círculos se van haciendo cada vez mayores”.

Los abrazos con el corazón amigos lectores, que tengan mucho éxito en sus actividades y sigámonos cuidando. Hasta la próxima.

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