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Las distintas versiones de la espiritualidad

Por Silvana Pugliesse Santos
Medium y vidente
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“El amor es fundamental para sobrevivir en situaciones adversas, para unirnos a otros y dar sentido a la relación de ayuda”

Al día de hoy, el mundo entero parece estar conmocionado y conmovido. Las noticias están repletas de relatos sobre hambruna a nivel mundial; los disturbios civiles, los desastres naturales y, por supuesto, el COVID-19 y todo lo que representa en estos momentos.

A raíz de los últimos acontecimientos a nivel mundial, muchos paradigmas en nuestras vidas han cambiado; que van desde la forma de trabajar y hacer negocios, hasta la forma en la que nos relacionamos con nuestros seres queridos; la forma de comprar, de movilizarnos y hasta de estudiar.

Hemos tenido que irnos ajustando rápidamente a todos los cambios que han llegado a nosotros como un tsunami. Apenas ahora, en general, se comienza a percibir en la gente el desapego a lo material y a lo mundano.

Las prioridades para la mayoría han cambiado
Nos dimos cuenta que no sirve de nada tener el último auto de super lujo cuando no podemos llevarlo a ningún lado; ni las joyas más llamativas si no podemos lucirlas.

Aprendimos que, en lo particular, lo más importante es la salud física, mental y espiritual; que lo que realmente vale la pena reside dentro de nosotros mismos. Que lo que no se adquiere con dinero es lo más valioso.

La familia volvió a ser un núcleo en el que todos sus integrantes se desarrollan plenamente.

Antes, dábamos todo por sentado, creyendo que nuestra normalidad era poder generar riqueza con base en nuestro trabajo para poder comprar cosas que creíamos necesitar; y así poder sentir que pertenecíamos a una clase socio-económica privilegiada, luciendo todos nuestros “logros” a otra gente con la misma mentalidad; manipulados por el consumo desmedido al que estábamos expuestos día a día, en todos lados.

A pesar de que la mayor parte de la gente se ha ido adaptando a su nueva realidad y a la “nueva normalidad”; predomina cierta destrucción espiritual a la cual -como mencioné previamente- estuvimos expuestos por tanto tiempo. Dictando nuestros hábitos de vida y de consumo y que se extendió como virus por todo el mundo por tanto tiempo; dejando la tierra moralmente desolada. Muchas personas no parecen percatarse de esta autodestrucción y han llegado a tal grado de insensibilidad que no lo perciben, ni siquiera como una brisa.
Ahora estamos ante una disyuntiva, continuar el mismo camino que veníamos recorriendo por tanto tiempo; o hacer las cosas de una forma totalmente distinta para obtener un resultado igual de distinto.

Para algunos, las cosas que suceden en el mundo hoy en día son atemorizantes. Este no es el momento para dejar que nos entre el pánico, es, indudablemente, el momento para prepararnos.

¿Qué debemos hacer a fin de estar mejor preparados para lo que se acerca? Es sencillo, es preciso que volvamos a los principios básicos y “renazcamos espiritualmente”.

¿Qué definición propone del término espiritualidad?
Las definiciones de espiritualidad son muy variadas, quizás haya tantas formas de vivirla como personas.
La espiritualidad tiende a considerarse como la dimensión más esencial del ser humano; o a relacionarse con aspectos inmateriales de la existencia, como nuestra capacidad de amar o; de tener compasión o de sacar fuerzas de lo más profundo de nosotros mismos. También se asocia con la trascendencia, con la esperanza, con la inspiración, con el propósito; con el sentido de la vida y con el sentido último de todas las cosas.

En otros casos, se ha relacionado a la espiritualidad con la capacidad de conectar armónicamente con lo más profundo de uno mismo; con los demás, con la naturaleza, con Dios o con una realidad superior. O bien se ha entendido como lo que inspira y alimenta el amor, la ética, la creatividad, la consciencia o la percepción de lo sagrado.

¿Cuál es la relación entre espiritualidad y salud mental?
En la mayoría de los estudios que tratan de buscar esa relación; se encuentra una asociación positiva entre cultivar la dimensión espiritual y una mejor salud mental. Menos ansiedad, menos depresión, menos adicciones, menos riesgo de suicidio, mejor pronóstico de enfermedades mentales, etcétera.

La espiritualidad también se ha relacionado con un mayor bienestar psicológico. No obstante, hay algún estudio que pone de manifiesto que esa relación puede ser inversa cuando se viven formas de espiritualidad más infantiles o narcisistas; por lo que habría que discernir. En cada caso, si la espiritualidad lleva a mirar más allá de uno mismo y a amar más a otros; (en este caso hablaríamos de espiritualidad más “saludable”), o bien, si la espiritualidad es una forma de regresión narcisista al servicio de los propios egoísmos; (en ese caso, esa manera de vivirla nos perjudicaría y no sería “saludable”).

¿Cómo se cultiva esa otra escucha de uno mismo y de los demás?
Hay muchas formas de cultivar esta dimensión, la principal, en estas circunstancias, es aprender a mirar lo mejor y más profundo de nosotros mismos y a potenciarlo, siendo conscientes del bien que podemos albergar y aportar a otros, valorando lo que somos como seres humanos que tienen la oportunidad de traer salud, alivio y compañía humana a otras personas que sufren. Acordarnos de esto y ponerlo en práctica, en nuestro trabajo, en casa y en nuestras relaciones en general, me parece que es algo fundamental

Añado una serie de posibilidades, porque creo que puede ser de ayuda para contemplar diversas opciones: Ser conscientes de qué puede ser esa dimensión espiritual, preguntarnos por ella, explorándola para conocernos mejor a nosotros mismos. Conocernos puede hacer que nos demos cuenta de esa dimensión que todos tenemos en lo profundo y que puede aportarnos luz y fuerzas en la adversidad y ayudarnos a afrontar las dificultades cotidianas que nos toca vivir.

Cultivar la conexión con la espiritualidad
Con oración, meditación, petición, intención de tener compasión y amor (hacia nosotros mismos y hacia los demás), lecturas espirituales, etcétera.También puede ayudar el hecho de darnos espacios para el silencio (aunque sea durante segundos), para estar con nosotros mismos y cultivar así nuestra vida interior. Podríamos aprovechar ese silencio interior para mirarnos con empatía y amor, apoyándonos en la perspectiva de que algo que nos sostiene desde dentro o más allá de nosotros puede ser de gran ayuda ante la adversidad.

Otra opción puede ser hacer una oración en mitad de la acción pidiendo fuerzas, pidiendo por la salud y el bienestar de la persona que tenemos delante o simplemente transmitiéndole acogida y cariño (algo que es también fundamental hacer con nosotros mismos). También se puede meditar poniendo plena atención al momento presente y a lo que toca hacer en este momento, dejando de lado distracciones y “ruidos” mentales.

Tener experiencias comunitarias
Tener una red de encuentro y de soporte, dentro de la misma fe, perspectiva espiritual o práctica de meditación, puede ser también de gran ayuda. En nuestro trabajo, también ayuda si compartimos algo de esa práctica con compañeros que tengan una perspectiva similar a la nuestra, o al menos podemos hablar de ello y apoyarnos mutuamente.

Buscar el sentido de la vida, captando el valor de lo que hacemos y de lo que sucede en cada momento. También se puede buscar el sentido mirando la vida desde una perspectiva global de nuestra existencia o buscando el sentido último de todas las cosas (como, por ejemplo, tratando de percibir un orden implícito que lo sostiene todo).

Buscar sentido al sufrimiento
Ante el sufrimiento, hay que poner en marcha los valores de actitud. Por ejemplo, tomar consciencia de que ante lo que estamos pasando puede existir la posibilidad de adoptar una actitud constructiva, viéndola como posibilidad de aprendizaje, entrega, superación personal, cooperación con otros, etcétera, esa libertad de cultivar la mejor actitud posible se sostiene en la capacidad del espíritu para oponer resistencia a circunstancias adversas.

Cultivar la aceptación, dándonos cuenta de que nuestro yo no es el que lo controla todo y de que la realidad que nos rodea es más que nosotros mismos y nuestros deseos. Para las personas religiosas, esto se manifestaría poniendo todo lo que no pueden controlar en manos de Dios y centrando la acción en lo que realmente sea posible controlar. La aceptación es un elemento fundamental para tolerar la incertidumbre y desarrollar humildad y apertura ante la realidad.

Cultivar la libertad interior
Lo que quiere decir que en nuestro interior hay un espacio íntimo en el que no puede entrar nadie más que nosotros, desde donde podemos mirar lo que ocurre fuera con más libertad y perspectiva, así como encontrarnos con nosotros mismos en lo más íntimo y profundo que tenemos. Tomar consciencia de la libertad interior nos permite ejercerla y tener más capacidad de elección, lo que puede dar más posibilidades de crecer en la adversidad.

Tomar consciencia de fuerza del amor y ponerlo en práctica: el amor es fundamental para sobrevivir en situaciones adversas, para unirnos a otros y dar sentido a la relación de ayuda. Ese amor debe incluirnos también a nosotros mismos para ser completo y debe llevarnos a cuidarnos de manera adecuada. A su vez, el amor nos ayuda a mirar más allá de nosotros mismos y aumenta las posibilidades de que podamos ver más allá de nuestro dolor. En la situación que vivimos hay muchas vías de expresar ese amor, desde el cuidado de nuestros pacientes actuando con ellos como nos gustaría ser cuidados nosotros, hasta el cuidado y respeto a las relaciones con nuestros compañeros, familiares, etcétera, pues a todos nos toca, hoy en día, lidiar con una dosis, mayor o menor, de sufrimiento.

Cultivar la consciencia de la belleza
La belleza aporta sentido, nos abre el horizonte hacia una percepción más amplia de las situaciones dolorosas, de tal forma que, si prestamos atención a la belleza de las pequeñas cosas cotidianas, es más fácil poder soportar los días adversos y que la negatividad no nos invada. Puede consistir en darnos tiempo para ver imágenes que nos resulten bellas, percibir detalles cotidianos que nos inspiren esa belleza en mitad de las dificultades que nos toquen vivir (a veces, tan sólo mirar por un instante la luz que entra por la ventana, nos puede conectar con la belleza y aliviar nuestro malestar).

Hay que escoger bien nuestras batallas, si peleamos todas, vamos a estar muy cansados para ganar las verdaderamente importantes

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