Personas refugiadas en México, su contribución

Por ACNUR Agencia de la ONU para los Refugiados

México es un país con un complejo panorama migratorio. Desde la primera mitad del siglo XX ha sido el destino de miles de personas en busca de un lugar seguro para reconstruir su vida.

Una persona refugiada se ha visto forzada a abandonar su país de origen por el temor de ser perseguida por su raza, su religión, su nacionalidad, su pertenencia a un grupo social, género o su opinión pública y no cuenta con la protección de su propio país. También son personas refugiadas quienes huyen de conflictos armados, de la violencia generalizada o violaciones masivas a los derechos humanos. Una persona refugiada no puede ser devuelta a su país, pues su vida, libertad o seguridad estarían en peligro.

ACNUR documentó en el informe “Tendencias Globales sobre Desplazamiento Forzado 2019” al menos 79.5 millones de personas en el mundo fueron desplazadas. Como resultado de persecución, conflicto, violencia, violaciones a derechos humanos o eventos que alteraron gravemente el orden público. De estos, 26 millones de personas son consideradas como refugiadas y se estima, que el 48% de esta población corresponde a mujeres y niñas.

En México, el gobierno federal es el encargado de recibir, analizar y en su caso, aceptar las solicitudes de la condición de refugiado por medio de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados. Una vez que la COMAR otorga el reconocimiento de la condición de refugiado, las personas obtienen acceso a una estancia regular y permanente en el país por medio del Instituto Nacional de Migración (INM) y con ello, la posibilidad de reconstruir su plan de vida en condiciones de dignidad y paz.

El ACNUR apoya los esfuerzos del Gobierno de México de cumplir con sus responsabilidades internacionales en identificar a las personas que necesitan protección internacional. Además, vela por proteger el derecho de las personas refugiadas a la salud, a la educación, a un trabajo digno y a integrarse en la sociedad que las recibe.

ACNUR trabaja en colaboración con el gobierno mexicano y el sector privado para impulsar la integración laboral de las personas refugiadas en el país. Al obtener la documentación que regula su estancia en México, las personas refugiadas tienen la oportunidad de contribuir al desarrollo de las localidades de acogida por medio de su trabajo, incluso, en medio de una crisis sanitaria como la derivada del COVID-19. Durante mayo de 2020, diez personas profesionales de la salud, refugiadas o solicitantes de la condición de refugiado fueron contratadas en México para contribuir a la respuesta del sector a la pandemia.

En este sentido, médicas refugiadas se unieron al personal de salud que hace frente a la pandemia en el país. Casos documentados como el de la refugiada venezolana demuestran la hermandad que México demuestra al mundo.

Rosmary sentía que se asfixiaba cuando inició a trabajar en el Hospital General Tláhuac, en la Ciudad de México, convertido en hospital COVID-19. Como médica internista, nunca había tenido que ponerse tanto equipo protector en Venezuela, de donde es originaria, ni siquiera en 2009, durante la pandemia de influenza AH1N1.

Rosmary es solicitante de la condición de refugiado y llegó a México con su hija de tres años en diciembre de 2019. En el aeropuerto, estuvo a punto de ser retornada a Bogotá, desde donde salió su vuelo, pero ella se aferró a quedarse, sabía que tenía derecho a solicitar asilo, así tuviera que pasar por un centro de detención migratoria. Los diez días que estuvo en detención no quitaron el optimismo de recomenzar su vida. Salió el 24 de diciembre, por lo que pudo atender la invitación de pasar Nochebuena con su amiga Iriam, venezolana, médica cirujana y refugiada.

Iriam, de 33 años, llegó a México en marzo de 2018, con su esposo e hija de tres años. Al inicio, Iriam trabajaba en un restaurante y aprovechó para revalidar sus estudios. Pudo acceder a su CURP y tramitar su cédula profesional a través de la Secretaria de Educación Pública. Con la cédula tomó dos trabajos temporales, uno en una empresa y otro en una farmacia.

En el contexto de la pandemia por COVID-19, abrieron varias convocatorias para reclutar profesionales de la salud que ayudaran a hacer frente a la contingencia en México. Iriam, quien tenía toda su documentación, quedó contratada en el Hospital Enrique Cabrera en la capital del país.
“Al paciente le brindo todo lo que esté en mis manos, no distingo, no siento esa separación de yo soy extranjera y tú eres mexicano, esa diferencia de nacionalidad no influye en mi”, comenta la médica refugiada.

Fue Iriam quien convenció a Rosmary de presentar su solicitud para laborar en el sector salud, aun cuando todavía no contara con su cédula profesional, únicamente la revalidación de sus estudios, que le bastó para trabajar en una farmacia de una tienda de autoservicio. Después de pensarlo mucho, Rosmary decidió postularse y en menos de una semana, había sido asignada al Hospital General Tláhuac.

“No sabía cómo me iban a recibir, porque no sé cómo son los hospitales de México, si son como en Venezuela.

Me recibieron muy bien, la jefa de emergencias fue muy receptiva, mis colegas me agradecían que estuviera ahí. La unidad tenía dos semanas de haber abierto, ha sido bonito el apoyo, es un equipo de trabajo, nos cuidamos unos a otros”, refiere Iriam.

Aunque sabe que está en mayor riesgo al estar en un hospital COVID, Rosmary sabe que su trabajo tiene un alto valor en este momento. “Una colega me dijo que hay muchos médicos que renunciaron, pero, me decía, ‘si todos renunciamos, ¿quién va a atender a los pacientes?’. Para esto nos preparamos, no me gustaría que fuera un familiar que pasara por esto y que no tuviera a nadie que lo pudieran atender”.

ACNUR ha identificado más de 100 profesionales de la salud refugiados o solicitantes de asilo en México. Que podrían contribuir a la respuesta del sector salud para hacer frente a la pandemia. Brinda asistencia para que puedan revalidar sus estudios, tramitar sus cédulas profesionales con el apoyo de la Secretaría de Educación Pública; y postularse en las convocatorias de reclutamiento. Esfuerzos similares se han hecho en otros países.

Al menos 10 personas profesionales de la salud solicitantes de asilo o refugiados; han sido contratadas en Ciudad de México, Aguascalientes y Chiapas y 19 más están en proceso de serlo. Gracias a la accesibilidad en los sistemas de reclutamiento de estas entidades que han mostrado interés en incorporarles. Las historias de Iriam y Rosmary son solo una muestra de las múltiples contribuciones de las personas refugiadas.

Desde 2016 el ACNUR ha emprendido un programa de reubicación e integración laboral, educativa, social y cultural de refugiados. Desde el sur de México, hacia Saltillo, Guadalajara, Monterrey, Aguascalientes, Puebla, Querétaro, León, San Luis Potosí y otras ciudades. En el marco de este programa más de 8 mil personas han accedido a un empleo formal en las ciudades de destino. Permitiéndoles construir un mejor futuro para sus familias y al mismo tiempo, contribuir a la economía y desarrollo local. Estas personas aportan anualmente cerca de 60,4 millones de pesos en pago de impuestos y contribuciones.

El ACNUR acompaña el proceso de integración local de las personas desde el traslado hasta la recepción; vinculación laboral, vinculación educativa, búsqueda de vivienda y acompañamiento psicosocial.

Al mismo tiempo, ACNUR mantiene una estrecha colaboración con los gobiernos locales y el sector empresarial; lo cual permite generar relaciones duraderas y beneficiosas para la población de las comunidades de acogida. Asegurando que el impacto positivo de los refugiados sea provechoso para todas y todos.

En el marco del 20 de junio, Día Internacional de las personas refugiadas; ACNUR hace un llamado de solidaridad hacia todas las personas que se han visto desplazadas por la violencia de sus países de origen. Hoy se encuentran en México buscando una oportunidad para reconstruir sus proyectos de vida.

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