La tecnología como mecanismo de inclusión financiera en América Latina

Por: Ana Karen Treviño

Los últimos años han visto un aumento sin precedente en la oferta de soluciones orientadas a incrementar el acceso de servicios financieros en América Latina. Dicha tendencia ha sido liderada por una amplia gama de empresas tecnológicas financieras quienes están generando productos que buscan llenar el vacío dejado por los jugadores de servicios financieros tradicionales en la región.

El mercado desatendido por estas instituciones es enorme: por ejemplo, en México, tan sólo el 40% de la población adulta está bancarizada, y según la última Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF, 2018) tan solo el 47% de la población tiene una cuenta de ahorro.

Aún más, entre aquellas personas que tienen una cuenta bancaria a su nombre, existe un número importante que no interactúa con herramientas financieras básicas que tienen el potencial de impulsar su bienestar.

Es decir, únicamente tienen una cuenta de nómina donde se les deposita su sueldo, pero no tienen acceso a otro tipo de servicios financieros orientados a la inversión, la provisión de seguros, créditos o posibilidades adicionales para la realización de pagos. Según la ENIF solamente el 31% de la población adulta tiene tarjeta de crédito, y únicamente el 25% cuenta con un seguro.

Los bajos niveles de inclusión financiera tienen un sinnúmero de causas detrás: ingresos insuficientes, la informalidad laboral, la desconfianza en el sector bancario tradicional, tarifas y comisiones altas, falta de estructura bancaria, entre otros. A su vez, esta situación trae consigo un sinnúmero de efectos: la falta de seguridad en el dinero, la pérdida de dinero en términos reales, y la permanencia de las personas en una estructura financiera informal, ineficiente, insegura y costosa.

El resultado es un círculo vicioso donde la falta de bancarización promueve la pobreza, y esta inhibe las posibilidades de alcanzar libertad financiera.

La disparidad entre la población bancarizada y la que no tiene acceso a servicios financieros es aún mayor en zonas rurales que en zonas urbanas. En el sistema financiero tradicional la disponibilidad de sucursales, corresponsales bancarias y cajeros está altamente condicionada por barreras físicas y geográficas y depende de proveedores de servicio para los cuales llevar dicha infraestructura no resulta económicamente viable. Una vez más, esto también el círculo vicioso comentado con anterioridad.

La digitalización representa una transformación a esta coyuntura. Los latinoamericanos son los mayores usuarios de internet del mundo, y la penetración de Internet en países como México y Brasil supera el 70% de la población total. Aún más, 400 millones de personas en América Latina (es decir, alrededor del 60% de la población total), tienen un smartphone. A su vez, la conexión a Internet y a aplicaciones digitales ofrece un sinfín de oportunidades.

Así, el escenario delineado representa un campo fructífero para la aparición de Fintechs pioneras, como lo es Bitso, las cuales ofrecen nuevas maneras de utilizar, guardar y generar transacciones con dinero.

Aunado a esto, los efectos generados por la crisis y pandemia del COVID-19 también han conducido a cambios importantes de comportamiento potencialmente duraderos.

Sobresale la forma de transferir fondos, pues la pandemia llevó a un aceleramiento en la utilización de sistemas de pagos digitales.

Según el informe de Mastercard y America Market Intelligence de octubre de 2020, que abarca 13 países de Latinoamérica y el Caribe, el uso de sucursales y cajeros automáticos disminuyó significativamente entre consumidores y el 62% declaró utilizar menos dinero en efectivo debido al COVID-19. Esta situación también ha contribuido al auge de los servicios financieros basados en tecnología.

Como una de las mayores innovaciones tecnológicas de los últimos años, las criptomonedas tienen un rol fundamental para impulsar la inclusión financiera en la región. Las criptomonedas son unidades de intercambio que se transfieren en un blockchain descentralizado, y representan monedas digitales sin fronteras que no dependen de intermediarios.

El sistema de pagos que propone el mundo de las criptomonedas puede ser accedido por cualquier persona sin considerar su localización, género, o estatus social. A diferencia del sistema financiero tradicional, el acceso a este sistema de pagos no depende de infraestructura física bancaria ni de la aprobación de terceros.

Así, más allá de su utilización con fines especulativos, las criptomonedas presentan una amplia gama de usos con poder transformativo. Las criptomonedas pueden ser utilizadas para resguardar valor frente a la inflación y la depreciación del tipo de cambio; generar transacciones electrónicas transfronterizas sin comisiones, a menor costo y con tiempos de respuesta significativamente más rápidos; y fungir como la puerta de entrada a un sistema financiero digital, conveniente y sin fricciones.

Desde Bitso impulsamos las aplicaciones de esta tecnología para remarcar su potencial como una solución accesible, útil e incluyente. Esta es la tarea que hemos asumido con gran seriedad, y aún más, reconocemos que aún nos queda un largo camino por recorrer. El estado de incertidumbre sobre los casos de uso de las criptomonedas es comparable a aquel experimentado en torno al Internet a inicios de 1990. En ese entonces, existía un ambiente de innovación en un sinfín de direcciones similar a aquel que vemos con criptomonedas en la actualidad.

Así, el reto es elegir el camino correcto para crear productos que maximicen la utilización de la tecnología y sean intuitivos y fáciles de utilizar. Esto será fundamental para que nuestra oferta sea libre, diversa e incluyente.

El compromiso de Bitso con los usuarios de los países donde operamos es entonces ser un puente para acceder a la libertad financiera. En Bitso, nos une una misión por empoderar a las personas a través del conocimiento y el control de sus finanzas. A nivel macro, creemos que los efectos que esto puede tener sobre la producción, inversión, el ahorro, y la desigualdad en la región son enormes.

A nivel micro, sostenemos que ofrecer servicios que permitan el acceso al sistema financiero puede mejorar la vida diaria de personas, familias y comunidades enteras.

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