Feminización de la política

Por: Edurne Ochoa

El pasado 13 de enero se cumplieron 105 años del Primer Congreso Feminista en México (Yucatán en 1916), donde se promovieron legal y administrativamente después del trance revolucionario los derechos de las mujeres y su condición de ciudadanas, considerándonos sujetas políticas dentro de un espacio público que para la época era impensable alcanzar.

Ejercer plenamente nuestros derechos políticos no se pueden ver sin la participación de Elvira Carrillo Puerto. Sin duda para la época la lucha de las mujeres para obtener nuestros derechos políticos electorales representó una resistencia y esfuerzo que hasta el día de hoy seguimos acusando. Fue en 1916 cuando se comenzó a reflexionar a profundidad el papel de las mujeres en la esfera pública y política Y claro las desigualdades que sosteníamos con los varones. Producto de este encuentro histórico la organización de las mujeres comenzó para darle vida al movimiento sufragista mexicano, teniendo en 1935 la conformación del Frente Único Pro Derechos de la mujer.

El movimiento sufragista en México comienza a partir de este Primer Congreso Feminista, con el voto a nivel Municipal en 1947 y a nivel nacional en 1953.

67 años han pasado y las mujeres aún desconocemos la fuerza de nuestro voto y la importancia que supone la irrupción a los espacios de poder y toma de decisión.

Las mujeres como sujetas políticas hemos tenido que caminar un largo recorrido de luchas conquistas, y resistencias. Por ello desde hace varios años, he venido haciendo un llamado para feminizar la política, donde se ponga en el centro de la agenda los derechos humanos de las mujeres y donde las reglas del tablero político sufran cambios sustantivos que promuevan una nueva clase política feminista en México.

Comenzaría diciendo que “lo político” debería ser una visión de género transversal que asuman las próximas mujeres candidatas y gobernantas, lo cual, considera la vida personal y privada que se basa en relaciones de poder desiguales y de opresión, donde los varones siguen teniendo poder sobre nosotras.

Feminizar la política, propone una profunda transformación de la política y lo político, entendiendo que la competencia política, históricamente ha sido un universo dominado casi exclusivamente por los hombres y con una visión de opresión, autoritaria, vertical y tiránica.

Por eso, resulta fundamental replantearnos una nueva forma de ejercer el poder, en donde la visión sea horizontal, autónoma, comunitaria, donde pongamos como prioridad los derechos humanos de las mujeres.

Como dice Clara Sierra, “Que el poder no sea un espacio solitario para las mujeres, que sea un lugar comunitario”

El debate sobre la feminización de la política se ha venido dando en los espacios públicos, académicos y políticos desde hace algunos años, sin embargo, pareciera que solo hablamos de un tema de cuotas o porcentajes; cuando este concepto va más allá, significa una profunda transformación en la política y lo político.

Mientras sigamos hablando de la política como un hecho meramente público sin entender que la división del espacio social entre lo público y privado es justo lo que nos ha tenido a las mujeres sumergidas en la esfera doméstica y ha sido la limitante para apropiarnos de lo público, no podremos hablar de una feminización de la política.

La diferencia de los sexos ha determinado la función de las actividades históricamente impuestas: las mujeres continuamos sumergidas en el espacio de lo privado donde la violencia familiar va en aumento, el trabajo no remunerado y de cuidados, así como todas las cargas simbólicas que se nos imponen.

Al tiempo que el espacio público se ha identificado con la razón, el intelecto y lo político. Donde las decisiones económicas y de gobierno son encabezadas por los varones.
Esto nos da una perspectiva para poder entender que la política sigue siendo lo que sucede en el espacio público (institucional, gubernamental, empresarial) y lo político aún sigue pendiente en la lucha y conquista de los derechos políticos de las mujeres.

Necesitamos poner en el debate público a la violencia de género como prioridad nacional, implementar una agenda político feminista, aumentar los presupuestos destinados al 52% de la población (las mujeres) diseñar políticas públicas de cuidados, deconstruir lo simbólico y cultural que nos criminaliza y revictimiza.

Feminizar la política pues, supone diversos compromisos:

1.- Replantearnos de una nueva forma de
ejercer el poder, de forma horizontal, colaborativa, ciudadana y participativa.
2.- Visibilizar en el espacio público la vida considerada privada de las mujeres, para darle presupuesto, acciones y soluciones reales que generen un avance sustantivó a favor de los DDHH de todas nosotras
3.- Generar soluciones efectivas, colaborativas, horizontales, comunitarias, inclusivas, con perspectiva de género. Si no entendemos que este mundo es androcéntrico nos equivocaremos en la creación de los Planes Municipales de Desarrollo y en a agenda que deberá tener aportes de la sociedad civil y sus experiencias en territorio.

4.- Naturalizar los liderazgos femeninos y fortalecerlos en la difusión y masificación de los canales de comunicación, siempre sin roles de género o estereotipos asignados. Una nueva forma de liderazgo puede desarrollarse.

5.- Cambiar las reglas de juego, rompiendo el sistema de subordinación, pensando en la participación masiva de las mujeres con perspectiva de género.

6.- Hablar en femenino para visibilizarnos y ponernos en el debate público.

7.- Desterrar la comunicación sexista y darle una nueva propuesta a la comunicación política y de gobierno, la cual sigue perpetuando los estereotipos y roles de género.

8.- Tener ética feminista entre nosotras para evitar la despolitización y violencia contra las mujeres.

9.- Poner en la agenda pública los derechos humanos de las mujeres.

10.- Gobernar asumiendo la deuda histórica que se tiene con el 52% de la población; las mujeres.

11.- Priorizar la impartición de justicia con perspectiva de género y con un profundo compromiso con los derechos humanos de las mujeres.

La feminización de la política, invita a las mujeres de poder a que asuman el poder desde sus liderazgos y espacios a comprometerse en renovar las formas patriarcales y androcéntricas que asumimos al gobernar. Solo así, lograremos una verdadera transformación de la política y lo político.

Recordemos que “Lo personal es político” y desde este espacio envío un reconocimiento a todas las mujeres que participaron en este derecho político electoral para transformar la vida pública de México y Puebla. Sigamos pues, incidiendo y exigiendo acciones a favor del 51.2% de la población: las mujeres.

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